El aeropuerto de Mordor

No hay nada mejor que tomarse los pequeños desastres de la vida cotidiana con un poco de humor, por eso espero que este post no sólo esté cuajado de contenido, sino que os haga reír.

Hace unas cuantas semanas debía de viajar a Madrid por una cuestión de compromiso, pero lo que no sabía es que mi viaje iba a ser tan peligroso como el de Frodo Bolsón.

No en vano, en el aeropuerto quise poner un post en facebook y me indicaba, entre varias posibilidades, que estaba en el “aeropuerto de Mordor”. Alguien con mucho sentido del humor debió de tener semejante ocurrencia por culpa de la niebla que cubre muchas veces las pistas del mismo.

Pues bien, una vez en el avión busco mi asiento y, para mi sorpresa, descubro que estoy sentada junto a un personaje peculiar: un caballero con un horrendo traje de cuadros vichy verde botella sobre fondo beige, una camisa rosa, de cuadritos, y una corbata azul celeste con unos extraños dibujos que no sé muy bien de qué. Sobre sus piernas una carpeta con un logotipo de la empresa para la que trabaja, me reservo cuál es.

Ya de entrada me molestaba a la vista su atuendo y pensaba, este señor necesita un personal shopper, o al menos que alguien le recuerde una regla básica para ponerse traje y corbata, si no quieres parecer salido de “Corrupción en Miami”, o algo parecido: “la camisa más clara que la corbata y la corbata más clara que la chaqueta y más oscura que la camisa”; o eso o nunca había oído hablar de “power dressing”.

Aunque la primera impresión no era precisamente para ponerse a dar palmas, me senté a su lado y fui de lo más amable, como corresponde. Pero para mi sorpresa, aún no había comenzado a rodar el avión cuando su codo invadió mi espacio vital, estiró las piernas abiertas, echó todo lo que pudo su asiento hacia atrás y comenzó a roncar.

En ese momento no había terminado de descubrir al orco, hasta que se puso a roncar mientras movía su dentadura postiza, que despedía un terrible olor. ¡Horror! No podía sacarme de la cabeza aquel personaje de Rosa María Sardá dándole codazos a “Honorato”.

Sentí la necesidad de dar gracias a Dios por mi desmedido amor hacia los fulares, el que llevaba y su olor a “sexy” de Carolina Herrera (aunque la situación no fuera para nada sexy) me estaban salvando la vida.

Bromas a parte y con todos mis respetos hacia el señor que viajó casi tres horas a mi vera, que probablemente fuese un buen ejecutivo de ventas, me planteaba cuál era el criterio de su compañía y de él mismo sobre su imagen corporativa y sobre la impresión que dan al cliente. De la educación y de la higiene…

La primera impresión que se da en esta vida y los modales son muy importantes. Decía Shakespeare: “como te ven te tratan”, o como decía Alberta Giménez Adrover “hay que ser y parecer”. Un buen producto, con una presentación perfecta y en un formato agradable pueden llevarnos directos al éxito.

En conclusión, si escoges ser un personaje de “El Señor de los anillos”: escoge a Aragorn  II o a Arwen

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