Adviento y Corona de Adviento

Es impecable la manera en la que en la vida cristiana se unen espiritualidad y ceremonial. En esta ocasión hablaremos un poco del Adviento y la famosa corona de Adviento.

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Nuestra realidad se vertebra sobre dos ejes el espacio y el tiempo. La liturgia y las tradiciones que la envuelven tardan siglos en ir madurando e ir incorporando elementos y sincronizándose con las personas que la viven. Por esto es necesario instruir a los fieles para que sean capaces de entender y participar en la liturgia y hacerse parte integrante del tiempo sagrado.

“… El año litúrgico es una reactualización siempre repetida de la vida de Cristo y, por ello mismo, una regeneración individual del individuo. Por la repetición cada año del ritual, nos convertimos, de algún modo, en contemporáneos de Cristo y nos incorporamos, poco a poco sus misterios, hasta que El se «haya formado en nosotros».” Por ello existe una división de tiempos litúrgicos en torno a Cristo en la celebración de la fe cristiana. Se distribuye en festividades y ciclos: Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua y Tiempo Ordinario.  Además esta distribución de los tiempos se conjuga con la realidad del lugar sagrado, donde la armonía del Universo y la plenitud del Misterio de Cristo se hacen presentes.

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El Adviento es una palabra procedente del latín que significa “venida”. Durante este tiempo los cristianos se preparan para el nacimiento de Cristo. Pero marca, además, el principio del año litúrgico.

Podemos distinguir dos periodos durante el adviento. En el primero de ellos, aparece con mayor relieve el aspecto escatológico y se nos orienta hacia la espera de la venida gloriosa de Cristo: su venida al final de los tiempos, su venida ahora y su venida hace dos mil años. En el segundo periodo se orienta más directamente a la preparación de la Navidad y a vivir con alegría el nacimiento de Cristo.

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En orden a esta venida se ordenan durante este tiempo del ciclo toda la vida cristiana y su ceremonial. Se  suprimen durante el Adviento una serie de elementos festivos. No se reza el Gloria, se reduce la música con instrumentos y los adornos festivos, las vestiduras son de color morado, el decorado de la Iglesia es más sobrio, sin flores, etc. Para expresar la necesidad de esa venida de Cristo como complemento y sentido de la vida.

El origen de la Corona de Adviento se encuentra en las costumbres anteriores al cristianismo de los pueblos germanos. Durante el frío y la oscuridad de diciembre, recolectaban ramos verdes, elaboraban coronas y encendían fuegos como señal de esperanza en la pronta vuelta de la primavera. No por ello la Corona de Adviento necesariamente representa una concesión al paganismo sino, al contrario, es un ejemplo de la cristianización de la cultura, como decíamos antes; mostrando como todo lo viejo posee un nuevo sentido en Cristo, en quien “todas las cosas son nuevas”.

El simbolismo de la corona tiene varias facetas. Es circular puesto que representa algo que no tiene principio ni fin: el Amor de Dios. Una realidad que también nos revela la el año litúrgico.

El verde de las ramas es signo de vida y esperanza. La luz de las velas nos recuerda la esperanza de la salvación. Son cuatro velas las que se ponen en la corona y se prenden de una en una, durante los cuatro domingos de adviento al hacer la oración en familia o durante la Eucaristía. Esta costumbre cada día está más arraigada entre las familias cristianas de nuestro país e implica a todos los de la casa en el “camino” del Adviento.

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La vela rosa corresponde al tercer domingo, “gaudete”, en el que la casulla del sacerdote puede ser de este color y representa el gozo. Su nombre es extraído del introito de la Misa: “regocíjense”. Las otras tres velas suelen ser de color morado, el color propio del Adviento y cada una tiene la carga litúrgica propia de la semana:

1ª semana: centrada en la venida de Cristo al final de los tiempos

2ª semana: centrada en “preparar el camino al Señor”

4ª semana: centrada en la figura de María

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