Cuando el traje no tenía partido

Me gusta mucho esta foto… creo que ilustra muy bien la época en la que el traje no tenía partido. Sí, sí… existió. La época en la que los políticos valoraban lo que representaba ir al Congreso… en nombre de todos los que le habían votado. Y se ponía reguapos y reguapas…

¡Estaban bien contentos! Para que veáis que corbata tan molona se puso Rafael Alberti os dejo una foto en color. Valiente y diferente, pero con un estilo cuidado, que la cosa era seria…

Vicepresidentes de edad en el Congreso de Diputados: Dolores Ibárruri, diputada por Oviedo, nacida el 9 de diciembre de 1895, y Rafael Alberti, diputado por Cádiz, nacido el 16 de diciembre de 1902, ambos del Partido Comunista de España.

Y es que llevar traje tiene su historia, no es “de ricos y opresores”… ¡Os lo cuento!

El origen del traje formal de caballero tiene su origen en el siglo XV. Es en este momento cuando aparecen las chaquetas abiertas por delante, con bordados en las mangas representando los escudos familiares o con símbolos militares o de asociaciones civiles. Será a mediados del siglo XVII, en la corte de Luis XIV, cuando se empiece a desarrollar una gran y peculiar preocupación por la moda. 

Durante este periodo la chaqueta del traje empezará a ajustarse cada vez más a la cintura. Pero será en la Inglaterra de 1900 donde el traje despunte como una prenda de uso cotidiano. Se vestían chaquetas o levitas largas, que se fueron acortando para darles mayor comodidad y para adaptarlas a las circunstancias del día a día.

En el caso de los pantalones, empezaron siendo una especie de pololos o bombachos por debajo de la rodilla. A partir de finales del siglo XIX y principios del XX, se alarga el pantalón, y empiezan a parecerse más a los pantalones de traje actuales.

De mejor o peor calidad,  con bordados o sin ellos los hombres iban perfectos e impolutos a cualquier acto y durante el día a día.

El “dress code” es de suma importancia. Es nuestra tarjeta de presentación y le indica al otro la importancia que le damos, preocupándonos más o menos en aparecer bellos y agradar. En eventos públicos muestran nuestro respeto por los mismos.
Y es que… una imagen vale más que mil palabras…