«Nunca pierdas tu muchosidad”

El pasado 11 de marzo tuvo lugar la «ceremonia de asunción», en la que el presidente Boric dará inició a su mandato en Chile; en ella puede que a algunas personas les llamase la atención la presencia de Manahi Pakarati, la directora nueva de Ceremonial y Protocolo de Chile. Ella usaba, para la ocasión, un atuendo rapanuí a cuya etnia pertenece. Es la única diplomática en el Servicio Exterior perteneciente a ese pueblo. Estudió periodismo en la Universidad de Chile, biblioteconomía por la UTEM y es máster en RR.Internacionales por la Universidad Victoria de Wellington de Nueva Zelanda. Se ha desempeñado como cónsul de Chile en dicho archipiélago oceánico y en México y ha sido diplomática multilateral en la misión de su país ante las Naciones Unidas, en Nueva York.

La misión principal de la dirección ocupada por Pakarati es «atender el ceremonial de la Presidencia de la República, Ministerio de Relaciones Exteriores y del cuerpo diplomático residente», como podemos leer en la web de la cancillería y por esto mismo la vemos escoltando al presidente Boric. Ella será la responsable de la jerarquía de las autoridades nacionales y extranjeras en las ceremonias oficiales, acreditar a las funcionarias y funcionarios diplomáticos residentes y todo lo relacionado con su residencia, otorgar Pasaportes Diplomáticos y Oficiales. También atenderá los viajes al exterior del Presidente de la República y los programas de visitas oficiales y de Estado de dignatarias y dignatarios extranjeros invitados por el Gobierno de Chile.

Es la segunda mujer en asumir el cargo, tras Gloria Navarrete en el gobierno de Michelle Bachelet.

¿Dónde está mi sombrero?

Tal vez lo más llamativo del atuendo fue el sombrero de color blanco que recibe el nombre de ha’u.

La isla chilena de Rapa Nui, antes llamada Isla de Pascua, conocida en el mundo entero por sus gigantescas estatuas de piedra, está ubicada a más de 3500 kilómetros del continente americano y en el vértice oriental del archipiélago de la Polinesia. Los aborígenes llevan un tipo de sombrero propio elaborado en fibra vegetal, específicamente mahute, llamados genéricamente “ha’u” en idioma rapanui, y adornado con plumas. Tiene forma de cono truncado o como «un cucurucho» y se usaba para las ceremonias antiguas, decorándolo con plumas, cintas o diademas de diversos tamaños y colores, según su tipo y el uso al que estuvieran destinados y el significado simbólico que se les atribuyese.

Ir vestido con el atuendo típico representa el sentir político, social y religioso y es toda una declaración de intenciones. Una manera de honrar a los antepasados y de marcar el rumbo futuro. La historia del Pueblo Rapanuí es un canto a la supervivencia, la fortaleza, el arraigo y el amor a la naturaleza, la tierra y la cultura. Una comunidad que ha sido capaz de renacer y superar cada obstáculo al que se ha enfrentado, en comunidad. Es un canto contra el colonialismo, las incursiones esclavistas y una expresión de orgullo chileno y respeto hacia sí mismos. Representa la capacidad de resiliencia de toda una cultura, incluso la rebeldía de un pueblo que ha luchado contra un estado hijo del privilegio y que surge con fuerza.

Más allá de deportes olímpicos

Recordemos que el protocolo es flexible, no es un deporte olímpico y no se salta, pero es una estupenda herramienta de comunicación que acerca el mensaje de quienes gobiernan las instituciones al pueblo. No se trata de acomodar, a veces se trata de recordar y de incomodar, porque el protocolo tiene un lado serio pero también un lado creativo y resolutivo que es el que le otorga su brillo especial.

Un acto protocolario está sometido a unas normas que no nos podemos saltar, pero que a la vez te permite la enorme riqueza de poder usarlas como herramientas de comunicación y constituyendo actos políticos.

A veces salirse de lo establecido no está mal, si se hace de forma estratégica y con la intención de comunicar y explicar. Porque al final ser capaz de conjugar lo que heredamos, la costumbre establecida y el futuro y la diferencia es la esencia de nuestra profesión de protocolistas.

No perdamos de vista que nadie de fuera puede indicar a un pueblo cómo ejercer de sí mismo, cuándo vestir sus ropas tradicionales, etc.

Además, el interés actual por recuperar la esencia de las culturas de las que venimos, sin perder la perspectiva de modernidad y globalidad, dignifica la intención comunicativa y atrae al receptor. Un atuendo habla de nosotros, pero cambia de un tiempo a otro y de un lugar a otro. Y recuerda:

«Nunca pierdas tu muchosidad», porque «en un mundo de locos, tener sentido no tiene sentido»

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