El ¿sombrero? del Papa

No deja de sorprenderme la ignorancia de algunos medios en referencia a ciertos temas, especialmente el religioso. Entre los evidentes fallos en series de televisión y las constantes meteduras de pata se me hace increíble la pérdida de cultura religiosa en nuestro país.

Que quede claro que no hablo de valores ni de creencias, habló de cultura general acerca de términos que deberían ser conocidos.


La última ha sido una periodista que ha calificado de “sombrero” al solideo del Santo Padre. El artículo era este:

Una niña trató de ‘robar’ el sombrero del papa Francisco | CNNEspañol.com 

Curioseando he visto que el mismo o parecido error se encuentra en otros medios



Bueno, pues para los que no lo sepan vamos a explicar lo que es el solideo y de dónde procede.

El solideo es una palabra que procede del latín soli Deo, solo a Dios. Se trata de un “casquete”, hecho de seda, paño u otra tela, que llevan el Papa, los Cardenales y los obispos. Como su propio nombre indica, solo se lo quitan ante Dios (o ante el Santísimo Sacramento, o durante la Misa desde el Prefacio hasta después de la Comunión, que se lo vuelven a poner).

Los obispos y cardenales se lo quitan en presencia del Papa como símbolo de respeto, como pasa con aquellos que se quitan el sombrero para saludar a otra persona.

El solideo es un heredero de la kipá. La ley judía exige a los hombres cubrirse la cabeza en señal de respeto y reverencia a Dios, para rezar, estudiar la Torá, decir una bendición o entrar a la sinagoga. Es una tradición que radica en la época del Templo, al que los sacerdotes entraban con la cabeza cubierta.

Cabe añadir que, los hombres y jóvenes judíos usan la kipá todo el tiempo, como símbolo de la conciencia de la existencia de un ser “superior”. Es una manifestación de su creencia y sumisión a él, un testimonio de su devoción.

Problemas protocolarios de micción

Me llama la atención cómo hay personas que siguen empecinadas en ese absurdo vicio de la ruptura o salto olímpico del protocolo

La definición de protocolo que da la Real Academia es clara y sencilla. Y como me descuide WordPress y Google me van a sancionar por repetirla una y otra vez:

Conjunto de reglas establecidas por norma o por costumbre para ceremonias y actos oficiales o solemnes.

Hace poco encontré, a través de un poste de mi compañera Diana Rubio, una noticia de la Sexta que acusaba al papa de “romper el protocolo” para miccionar.

Por más que he buscado leyes, normas y costumbres inveteradas, no encuentro la que impide a un señor de edad parar por causa de una necesidad primaria. Y en la Escuela de Protocolo debí faltar el día en el que explicaron que había que incluir en el programa, el cronograma y el Ordo Procedendi el momento adecuado para ello. Desconozco, además, el orden establecido para las intervenciones dentro del urinario… ¡mira que si meto la pata y organizó un conflicto diplomático!

Cierto que uno sale llorado y miccionado de casa. Todos hemos tenido una madre o una abuela que nos la han enseñado, pero una urgencia se perdona y entra dentro de la normalidad… a no ser que seas Terminator o Bender el de Futurama. 

Lo que de verdad me plantea cuestiones e interrogantes es si los que han fotografiado al Santo Padre saliendo del urinario no son los que se han saltado el protocolo social….

Los senos de… ¿Madame Pompadour?

Es sorprendente cómo una puede empezar hablando en un centro comercial con una amiga de las copas de ropa interior: A, B, C, D e incluso E… y terminar en la cafetería tratando sobre copas de champán. Todo empezó a cuenta de la copa Pompadour. 


Cuenta la leyenda que,  supuestamente, Luis XV ordenó la elaboración de copas de champán tomando como molde el seno izquierdo de la cortesana francesa, Renee Poisson, conocida como Madame Pompadour. Aunque por lo que parece, podría ser solo eso, una leyenda atribuida a otras mujeres, como por ejemplo María Antonieta.

La duquesa- marquesa de Pompadour y marquesa de Menars, Jeanne-Antoinette Poisson, más conocida como Madame de Pompadour, nació en París el 29 de diciembre de 1721  y falleció en Versalles, 15 de abril de 1764, que además de amante célebre de Luis XV, además de una de las más fervientes promotoras de la cultura durante su reinado.

Éxisten diferentes tipos de copas para beber champagne que han ido variando según el lugar, la moda,…

LA COPA POMPADOUR

Las primeras copas Pompadour aparecen en 1663  encargo del Duque de Buckingham a un artesano veneciano y eran de porcelana; su primer nombre fue “la Tazza”.

 No se hicieron populares hasta finales del S XIX. Se caracterizan por ser muy abiertas, pero recogida en los bordes, lo que permite beber mejor sin que se caiga. ¡Ideal para el ajetreo de la fiesta!
Su mayor auge se dio entre los años 30 a mediados de los 70, aunque en la actualidad sigue siendo muy popular entre británicos y rusos.

LA COPA DE FLAUTA

La copa de Flauta es de origen galo-romano y es una de las copas más antiguas que existen, actualmente se asocia prácticamente a los vinos espumosos y muchas personas desconocen su origen e historia.


LA COPA DE TULIPA

Y, por último la Tulipa, una forma mejorada de la Flauta, con más curvas. Su anchura en el centro y su ligera estrechez en la parte superior permiten conservar mejor la temperatura y evitan que se escape el aroma.

Y si queréis saber más sobre cómo brindar con estas preciosas copas os dejo un post anterior con más información.

El sentador de madres y el protocolo social

Estaba pensando qué escribiría para Navidad, quería que fuese algo diferente y lo he encontrado. Una de mis amigas compartió este vídeo de @locarconio que me ha inspirado.

“El sentador de madres”

“Madre pa’aquí, madre pa’allá… ¿Es que nadie más sabe dónde está la cocina? ¿O será la falta de costumbre? La Navidad es la época ideal para disfrutar de toda la familia junta, en torno a la mesa. Pero hay alguien que siempre falta: nuestra madre. El Sentador de Madres es el producto ideal para demostrar que los hombres no solo tienen manos para pelar las gambas, llega para acabar con esta situación y conseguir que todos levantemos el culo de la silla…”

El protocolo social se organiza según costumbres y convenciones sociales que han de cambiar siempre y cuando sea para mejor y estén orientadas a su fin último: una mejor convivencia y relación. Siguiendo esta premisa, algunas costumbres de nuestras mesas también deben modificarse.

El mejor regalo de Navidad es ayudar a tu madre a salir de la esclavitud… Todos vemos año tras año cómo nuestras madres se levantan una y otra vez a comprobar cómo va el horno, si todos tienen bebida, si se acabó el turrón o algún dulce, si suena el timbre y es el tío que llega tarde año tras año…

Ya está bien señores, ¡los tiempos han cambiado! Hay que hacer efectivo el reparto de las tareas. Si nos organizamos y repartimos las tareas obtendremos resultados óptimos:

  • Nadie tendrá que levantarse una y otra vez
  • Los invitados no se sentirán desatendidos y abandonados a su suerte
  • Nuestras madres, abuelas y hermanas disfrutarán de la Navidad como se merecen

Se trata de encontrar el punto exacto entre atender entre todos a los invitados, repartirse el trabajo y conseguir que todos disfruten de la velada.

Ya nos dicen Miguel del Amo e Inmaculada Tapia, en su post de EFE estilo que: “El invitado prevalece sobre el horno”, esa es la máxima que debemos tener en cuenta en las cenas de Navidad”

Porque al final de eso trata la Navidad de que todos disfruten y compartan, no de juntarse y comer, sino de juntarse y disfrutar ¡Por una feliz Navidad para todos!

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Primeras imágenes de suegros y cuñados cocinando esta Navidad…

 

 

Las casullas y la casulla de San Ildefonso

Ceremonial Religioso

El término casulla deriva del latín casula (casa pequeña).  Junto con el alba y la estola, o más bien sobre ellas, forman las vestiduras del sacerdote durante la liturgia de la Santa Misa.

Es una vestidura amplia, confeccionada en tela y abierta por los costados a modo de poncho, para facilitar los movimientos del sacerdote durante la celebración de la Eucaristía.

La casulla nace de la evolución del manto romano llamado paenula.  Y es símbolo de la caridad y del yugo de Cristo.

Resultado de imagen de paenula Paenula. Fuente foto: http://medieval-armour.com/

De un modo general, coincidiendo con la pedagogía del color  y el ciclo litúrgico de la Iglesia ,  el uso será el siguiente:

  • Verde: usado en tiempo ordinario. Simboliza la Esperanza, la vida eterna y la fidelidad.
  • Blanco: para Semana Santa, Navidad, las fiestas de la Virgen, la Silla de Pedro, la Conversión de Pablo, El nacimiento de Juan el Bautista…

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Cuando el traje no tenía partido

Me gusta mucho esta foto… creo que ilustra muy bien la época en la que el traje no tenía partido. Sí, sí… existió. La época en la que los políticos valoraban lo que representaba ir al Congreso… en nombre de todos los que le habían votado. Y se ponía reguapos y reguapas…

¡Estaban bien contentos! Para que veáis que corbata tan molona se puso Rafael Alberti os dejo una foto en color. Valiente y diferente, pero con un estilo cuidado, que la cosa era seria…

Vicepresidentes de edad en el Congreso de Diputados: Dolores Ibárruri, diputada por Oviedo, nacida el 9 de diciembre de 1895, y Rafael Alberti, diputado por Cádiz, nacido el 16 de diciembre de 1902, ambos del Partido Comunista de España.

Y es que llevar traje tiene su historia, no es “de ricos y opresores”… ¡Os lo cuento!

El origen del traje formal de caballero tiene su origen en el siglo XV. Es en este momento cuando aparecen las chaquetas abiertas por delante, con bordados en las mangas representando los escudos familiares o con símbolos militares o de asociaciones civiles. Será a mediados del siglo XVII, en la corte de Luis XIV, cuando se empiece a desarrollar una gran y peculiar preocupación por la moda. 

Durante este periodo la chaqueta del traje empezará a ajustarse cada vez más a la cintura. Pero será en la Inglaterra de 1900 donde el traje despunte como una prenda de uso cotidiano. Se vestían chaquetas o levitas largas, que se fueron acortando para darles mayor comodidad y para adaptarlas a las circunstancias del día a día.

En el caso de los pantalones, empezaron siendo una especie de pololos o bombachos por debajo de la rodilla. A partir de finales del siglo XIX y principios del XX, se alarga el pantalón, y empiezan a parecerse más a los pantalones de traje actuales.

De mejor o peor calidad,  con bordados o sin ellos los hombres iban perfectos e impolutos a cualquier acto y durante el día a día.

El “dress code” es de suma importancia. Es nuestra tarjeta de presentación y le indica al otro la importancia que le damos, preocupándonos más o menos en aparecer bellos y agradar. En eventos públicos muestran nuestro respeto por los mismos.
Y es que… una imagen vale más que mil palabras…
 

 

“No me llames señora, que me haces vieja”. Malas costumbres en la empresa

Todos recordamos con una sonrisa el personaje de empleada del hogar de Gracita Morales en los 60-70…

¡Qué bonito recuerdo!, ¿verdad? Pero los tiempos y la sociedad han cambiado mucho y aquello de “señorito” ya no suena bien sino en su boca. ¡Y ni os cuenta lo se “señorita”!

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“¿Señora o señorita?”, una pregunta que suena a rancio. Pues os sorprenderá aún más cuando os diga que a mí me lo preguntó una azafata de Air Europa en Barajas. Después de llamarme varias veces “señorita” le dije: “soy señora”. A lo que me contestó: “¡Ah, está casada! Perdone!”. Los que me conocéis podéis imaginar se me salían los ojos de las órbitas ante tal espectáculo…

Es evidente que el estado civil de una mujer no es importante y mucho menos para tomar un avión o para realizar bien tu trabajo. Es muy duro tener que luchar contra este tipo de lenguaje sexista y mucho más en el lugar donde uno desempeña su labor profesional.

El objetivo es equiparar, y clarificar, el tratamiento que se le da a todos los ciudadanos. Sin embargo, muchas veces nos encontramos con grandes impedimentos. Por ejemplo, si uno busca en la RAE las definiciones de “señorita” y “señorito” encuentra esto:

1. m. y f. Hijo de un señor o de persona de representación.
2. m. y f. coloq. Persona, especialmente si es joven, a la que sirve un criado.
3. m. coloq. Joven acomodado y ocioso.
4. f. Término de cortesía que se aplica a la mujer soltera.
5. f. Tratamiento de cortesía que se da a maestras de escuela, profesoras, o también a otras muchas mujeres que desempeñan algún servicio, como secretarias, empleadas de la administración o del comercio, etc.


Es evidente que el término recoge acepciones totalmente diferente para la mujer que para el hombre. Estas son algunas de las razones por las que mi blog se llama como se llama… “¡Cómo te lo diría!”.

Fijaos que en femenino se refiere a: “término de cortesía que se aplica a una mujer soltera” y “tratamiento de cortesía que se da a maestras de escuela, profesoras, o también a otras muchas mujeres que desempeñan algún servicio, como secretarias, empleadas de la administración o del comercio, etc”. Y en masculino: “joven acomodado y ocioso”. Y de forma indistinta para los sexos dos definiciones: “amo con respecto a los criados” e “hijo de un señor o de persona de representación”.

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No suele ser lo mismo ser señorita que señorito y, si os percatáis, a ellos no les preguntan “¿señor o señorito?”

¡Todas, absolutamente todas las mujeres, somos señoras! Es bastante desagradable que te pregunten si estás casada o no… y más alguien que no es cercano a ti. El uso sexista del lenguaje ha estado discriminando durante décadas a las señoras solteras de las casadas.

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Y lo peor es cuando el tratamiento de señora o señorita viene determinado por tu apariencia física o tus arrugas… Eso ya es mortal… Me gustaría ver la cara de mis compañeros de trabajo si les hiciesen esto. Pero si hay algo que no me gusta es cuando viene una mujer de más edad que yo y me dice: “te tienes que alegrar porque te llamen señorita. Eso es que te ven joven. A mí me enfada que me llamen señora”. Reconozcamos que esto en el trabajo es una lacra. De hecho, en la cortesía empresarial no hay sexos, ni edades, ni arrugas… importa el cargo.

Está claro que tenemos que quitarnos de la mente que ser “señora te hace vieja, que tampoco es nada malo tener muchos años… Que preguntar determinadas cosas es una impertinencia y que el lenguaje debe adaptarse a los tiempos y no ser sexista. Y todo esto porque las formas ayudan a la hora de crear una buena comunicación en la empresa, con el cliente, y también con nuestros compañeros, cosa que al final favorece y facilita el desarrollo de nuestro trabajo