Sociedad y Protocolo

Es increíble el poco valor que le damos hoy en día a la educación social. No es de extrañar que muchas empresas introduzcan en sus entrevistas de trabajo pequeñas “pruebas” sobre cómo se relacionan socialmente sus candidatos: cenas, meriendas, fiestas o reuniones,…

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Hace unos días me encontraba en una interesante reunión cuando se me acercó una joven muy bien maquillada, preciosa, alta, guapa… Comencé a hablar con ella y su curriculum me impresionó. Hablaba de la Haya y de reuniones en la OTAN como si fuese todos los días por allí de paseo. Se notaba que sabía lo que se traía entre manos. De estas personas que mientras hablas con ella piensas: “cuando llegue a Presidenta podré decir que tuve el gusto de conocerla”.

Mi buena impresión se mantuvo durante un rato, hasta que decidimos acercarnos a la mesa del café. Se sirvió una taza, le dio vueltas al azúcar… y se la acercó a los labios tal que así (evidentemente ella no es la persona que se ve en la foto):

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¡Horror! ¡Esa imagen se me va a quedar grabada en la mente toda la vida! Cómo destruir tu imagen personal en un segundo… No encuentro definición más gráfica de cómo perder la elegancia en un minuto mientras al otro le caen cubos de hielo encima.

Mientras tanto intentaba no perder la sonrisa y seguir con la conversación, pensando…

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Así que ya sabéis… Si no queréis dejar de ser interesantes para vuestro interlocutor mantened los dedos en su sitio en todo momento. Algo así….

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Quiero dedicar este post a mi padre que me enseñó el verdadero valor oculto dentro de una mujer, que no es otra cosa que el que está oculto en un hombre: el valor de ser persona.

El hombre que me enseñó a luchar, sin rendirme, para conseguir aquello en lo que creía, el caballero ¡Va por ti!

Estos días nuestra compañera de “Política y Protocolo“, Diana Rubio, ha compartido un artículo de El Mundo escrito por Carlos Fresneda, corresponsal en Londres: “A Theresa May: “Señora primera ministra, quítese los tacones”, de 15/09/2016 13:57 .  El artículo versaba sobre la necesidad o no necesidad de que las mujeres lleven tacones en el trabajo y la polémica desatada a través de una petición de solidaridad con el tema a la Ministra May.


Este es un tema complicado sobre el que últimamente se oye mucho hablar en medios. Aquí os dejo algunos artículos sobre casos de este tipo:

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Post en blogs especializados en derecho sobre el tema, como es el caso de Garrigues o Adriá Abogados.

Y muchos casos similares con los que no pretendo aburrir y que podéis localizar en buscadores y similares.

Con respecto al caso, me planteo qué solución aporta el protocolo empresarial y social al tema.

Es mucho lo que el protocolo media en casos de este tipo. Mi padre me enseñó que una profesión debe ser un medio para convertir la sociedad en algo mejor, de lo contrario no sirve para nada, no aporta, aunque uno llegue a lo más alto. Y por eso escogí esta profesión porque creo que es medio para mejorar los valores sociales y empresariales… y también el rendimiento del esfuerzo humano.

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He encontrado acerca de esto algunos artículos de power dressing que hablan del poderío de los tacones. No desconfío del poder de la impresión y de la fuerza de la imagen; sin embargo creo que hay cualidades que pueden perfectamente suplir unos tacones. Algunas teorías acerca de que los tacones son un elemento sexual que fragiliza a la mujer me parecen tan disparatadas y en la misma línea de las de que dicen que los tacones son un elemento satánico.

Los tacones nos hacen parecer altas y esbeltas. Algunos hablan, como este fantástico post de Sr. Protocolo del tamaño adecuado para cada ocasión. No me parece mal, pero quiero recordar que algunas normas de protocolo social son sugerencias, no de obligado cumplimiento. Si uno tiene un problema de espalda es mejor ir en tacón bajo o plano a una boda o a un evento de trabajo que tener que quitarse los zapatos o montar un número de circo. ¡Ese bendito sentido común! ¡Con lo mona que estoy yo con mis tacones “kitten heels” a lo Audrey Hepburn!

Uno tiene que usar la cabeza y no va a ir a trabajar de profesora de gimnasia con unos Louis Vuitton de 15 cms, como tampoco vas a una boda en bailarinas, como no te presentar al Consejo de administración de Repsol con unas Nike con luces Led… por muy divina que te veas.

Una mujer no necesita ni quitarse ni ponerse unos tacones para dar ejemplo. Una profesional, ya sea de la empresa pública o privada, demuestra su profesionalidad con su buen hacer diario. Es cierto que el respeto pide que uno vaya correctamente vestido al trabajo, pero de ahí a determinar la altura de los tacones va un mundo. En ningún sitio dice que sea necesario emular el estilo del hombre para ir a la oficina, ni llevar unos zapatos propios de una cena de gala… o de un show de Drag Queens… El protocolo y la educación social están para facilitar la vida, no para martirizar ni cosificar mujeres.

Lo que es evidente es que para cambiar algo en el mundo y, en este caso en la empresa, es necesario crear un sistema que implique a toda la organización. Muchos asocian las diferencias de trato en la empresa, desde el punto de vista del género, con diferencias salariales, conciliación, pero todos estos inconvenientes son mejorables con una buena política de educación a través del día a día y de los procesos de comunicación de la empresa, tanto internos como externos.

Desde el punto de vista del protocolo el trato debe ser igual para mujeres que para hombres y se debe atender al cargo. Es una cuestión de “meritocracia”, no de “sexocracia” o de “taconicracia”.

Vivimos en un mundo cambiante, en evolución continua. Los tiempos y los modelos evolucionan  (se pretende que hacia mejor), el protocolo empresarial está orientado a crear empresa, a potenciar su imagen. Gracias a Dios, cada día se vincula más la RSC con las políticas de igualdad, integrando estas como parte de la garantía de calidad y excelencia profesional. Las políticas de igualdad en una empresa responden a una tendencia de modernización de la misma y a un intento por maximizar el beneficio partiendo del cuidado del personal humano. La RSC no se debe ligar solo al mecenazgo y la solidaridad, también debe orientarse a que cada individuo actúe de una forma ética y sostenible en su propia función. Que se colabore al bien común y que el respeto y el orden sean claves en el trato diario y en el trato con el cliente.

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Si bien es cierto que en el mercado laboral, independientemente de nuestra valía, y por suerte o por desgracia, la primera imagen que transmite cada persona está ligada a su aspecto y,por ende, a su ropa, se potenciar el valor personal y profesional. Si entendemos el protocolo empresarial como “el compendio de normas escritas que regulan la actuación de una empresa, tanto interna como externamente”, nos daremos cuenta de que esas normas pueden ayudar a orientar el pensamiento, la convivencia, el comportamiento….

En las últimas décadas el mundo del trabajo ha sufrido grandes transformaciones como resultado de la incorporación de una fuerza laboral caracterizada por la diversidad. Bajo esta perspectiva la vinculación de la mujer al ámbito laboral se ha dado a pasos agigantados, aunque en condiciones de inequidad.

Los tratos vejatorios a la mujer en el trabajo no deben estar nunca bien vistos. Es buena señal la empresa que castiga todas estas cosas. En el mundo de las azafatas, por ejemplo es algo recurrente. No se nos olvide aquel episodio por el que Hamilton fue criticado en un mundial, en el que baño literalmente a una azafata con una botella de champán. Aquel día yo bloqueé a un “tipo” de mi facebook por comentar que las contrataban para hacer de objetos y no se podían quejar. El que una persona trabaje con su imagen no la convierte en un objeto y no disculpa al que la trate como tal.

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Si la conciencia feminista depende de unos tacones, la conciencia feminista no sirve para nada. Gracias a Dios no es así. Es una lástima que nos fijemos mucho más en el armario de las mujeres que se dedican a la política que en el de los políticos, como es el caso reiterativo de la Ministra May. Te pongas el tacón que te pongas… ¡Vuela!

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Hoy he visto un artículo compartido en redes que nos habla acerca de los títulos nobiliarios.

El artículo expone que desde la Proclamación de Felipe VI como rey, en junio de 2014, no se ha concedido ningún título nobiliario. Pero no dice si el que Felipe de Borbón no haya otorgado ningún título va a ser una línea de actuación, o si es una simple curiosidad que cambiará con el tiempo.imgres-27.jpg

Seguro que a muchos os surgen un montón de preguntas antes de pronunciaros:

Por qué se concede un título nobiliario

Los títulos nobiliarios son una dignidad otorgada por el Rey. Lo podemos comprobar leyendo el artículo 62 de la Constitución, que dice así: “conceder honores y distinciones con arreglo a las leyes”, al enumerar las funciones del titular de la Corona.

En teoría, son muestras de reconocimiento sociales a una trayectoria llena de méritos en cualquiera de los ámbitos de la vida: laboral, social,…

Cómo se hace

Pues mediante un Real Decreto, firmado por el ministro de Justicia, que se publica en el BOE.

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Qué título nobiliarios existen

Por esto orden:

Duque/Duquesa

Marqués/Marquesa

Conde/Condesa

Vizconde/Vizcondesa.

Barón/Baronesa

Señor/Señora

Todos estos títulos mencionados, desde Marqués hasta Señor, se pueden conceder con o sin Grandeza de España. Los hijos de las infantas e infantes son Grandes de España.

Además, existe el título de Caballero, también de origen medieval y que suele estar asociado a las órdenes militares o de caballería,… En la actualidad existen Corporaciones Nobiliarias y Órdenes del Reino. El título de Caballero siempre se concede sin Grandeza de España.

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Qué clase de privilegios otorga el tener un título nobiliario

En la actualidad la posesión de un título de nobleza no supone ningún privilegio legal real, gracias a Dios lo del derecho de pernada y perversiones similares ha pasado a la historia. Desde hace ya décadas los títulos nobiliarios han quedado reducidos a su carácter honorífico y simbólico. El último privilegio fue suprimido en 1984 y era el derecho a pasaporte diplomático que poseían los Grandes de España.

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Las sucesiones en los títulos las tramita el Ministerio de Justicia y el uso de los mismos está sujeto a impuestos. Un aspecto que ha cambiado, gracias a una ley aprobada en 2006, en la que se establece la igualdad entre el hombre y la mujer, es el de la antigua preeminencia del varón sobre la mujer a la hora de heredar estos títulos. Algo digno de mención.

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Hoy mismo leía yo otro artículo compartido en redes del blog de “bocadosdemadriz” que hablaba de que los nuevos títulos nobiliarios eran los puestos de trabajo. Un post simplemente genial que nos acaba llevando a una cosa: la gestión del ego.

El verdadero problema no es la actualidad o no de los títulos nobiliarios, de los cargos honoríficos,… El verdadero problema es el mal uso de las herramientas que las estructuras sociales ponen a nuestro alcance.

Antes de lanzarnos a quemar Condes y Marqueses veamos si merece la pena gastar gasolina y cerillas.

Lo primero que debemos tener en cuenta es que los títulos nobiliarios tienen como fin premiar la excelencia. Aunque en algún momento de la historia puedan haber representado otra cosa

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No es malo que haya nobles o distinciones especiales. Son elementos que nos sirven para premiar y distinguir, y para ordenar la sociedad y premiar a aquellos que obran con nobleza o que han trabajado denodadamente por una causa justa.

No voy a negar que hay títulos no merecidos o conseguidos de forma poco legítima, pero esto es igual para todos.

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Hoy en día un título nobiliario no es más que algo honorífico. No debería ser molesto que existan. Me preocuparía mucho más por lo que decía el otro artículo “los puestos de trabajo”, la necesidad de adornar y de inflar curriculum ante la imposibilidad de demostrar competencias.

Tal vez lo que nos debe molestar no es la importancia de si debe existir o no la nobleza, sino si los egos humanos modernos se nos descontrolan por otros caminos. Es cierto que es necesario reformar en las formas, valga la redundancia, pero antes de arrasar con todo debemos comprobar si nos gusta la idea de base y si en lugar de arramplar con ella podemos mejorarla. Porque hay que reconocer que todos no somos Miguel Delibes y apocos les amarga un marquesado…

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Este viernes se ha casado Kiko Matamoros con Makoke, para los que no seguís la prensa rosa tal vez ni os suene. Sin embargo creo que todos conocéis, al menos de oídas, a Belén Esteban.

Lo que verdaderamente me ha sorprendido es que Belén nunca haya oído hablar ni haya visto los protectores para los tacones, tal vez nunca ha ido a una boda o un evento sobre césped organizada por un verdadero profesional…

Es importante, en este tipo de eventos cuidar los pequeños detalles, no serían mis primeros Michael Kors hundidos y muertos en el jardín de un evento. Los protectores de tacón no solo impiden que el zapato sufra sino que también impiden que te hundas como el Titanic y, como me pasó a mí en un jardín de la Moraleja, te caigas de espalda (¡sí, pueden reir!).

Los que me seguís de cerca ya sabéis lo amiga que soy yo de los zapatos, por mis fotos épicas… Una invitada preocupada no es feliz en un evento y no ayuda a hacerlo más divertido… ¡Lo digo por experiencia! Y si el zapato es claro y de tela…

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Los tamaños van por tallas, que oscilan según el ancho de los tacones. Son flexibles y fiables. No se caen y no resbalan.

Hay que saber escoger la talla: grandes te caerás, pequeños te rozarán la piel del zapato (una pena).

Como os digo siempre, los pequeños detalles marcan la diferencia y con ellos se gana el corazón de los asistentes.

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Tengo un compañero de protocolo que siempre me recuerda como repartió, a la salida de un evento, esponjitas para limpiarse los zapatos y alguno de los asistentes llegó a escribirle para darle las gracias.

¡No lo olvides, lo pequeño es grande! ¡Haz que los asistentes a tu evento se sientan especiales.

Me llama poderosamente la atención la capacidad que tienen algunas personas de saltarse las normas de cortesía en redes. Muchas veces se nos olvida que no estamos en el salón de casa charlando con nuestros amigos y tratamos a los desconocidos de forma totalmente inapropiada.

Desde haces días mis amigas me han llamado la atención sobre un contacto de facebook que se dedica a pedirme matrimonio a grito pelado.

No me enfada la situación porque creo que el muchacho lo hace con buena intención, pero he de reconocer que sus formas no son muy efectivas. Y… mucho tiene que cambiar la cosa para que su actitud me resulte conquistadora.

Dicho esto os dejo diez normas básicas de etiqueta en redes que no tienen pérdida, por si queréis pedirle matrimonio a alguien que no os den calabazas.

No escribas en mayúsculas, en internet es como gritar. Si quieres destacar tu frase usa comillas, negrita,…

Cuida la expresión y la ortografía. La mala expresión y las faltas distraen a la gente y no van a ver lo importante. La forma de decir las cosas es importante dentro y fuera de la red.

Si envías varios correos procura no mezclar temas y si lo haces modifica el “asunto”

No uses caracteres extraños o colores estridentes. Es desagradable y muy cansino

No te conviertas en un pesado al que todo el mundo manda a la carpeta de spam. Te puede pasar como a Pedro y el lobo, cuando el mensaje sea importante nadie lo va a leer.

No uses abreviaturas cuando no le estás escribiendo a tu prima o a tu super amiga de toda la vida. ¡Es penoso!

Lee antes de contestar

A veces es útil usar emoticonos, pero no abuses…

Cita tus fuentes… No seas abusón.

No discutas ni entres al trapo de los trolls, solo buscan protagonismo

Sencillo, ¿verdad? ¡Pues a ponerlo en práctica!

Solo una última puntualización. Si de verdad quieres aprender de netiqueta sigue a Mar Castro en redes @marcastrops

 

Últimamente me toca viajar con frecuencia en avión, ya sea por ocio o por trabajo. La semana pasada tocó boda en Madrid y, a la hora de pasar por el control de equipajes coincidí con un señor muy mal educado entre el personal de seguridad.

Hice mi queja pública a través de twitter y el AENA y el sindicato CSIF me contestaron. Es evidente que la mala educación no es unilateral y muchas veces todos la sufrimos.

Pero no olvidemos que es una enfermedad que no se cura pagando con la misma moneda.

Los pasajeros también deben ser correctos y educados. Viajar es maravilloso, pero también es agotador, intentemos aliviarnos el camino entre nosotros. Aquí van algunas ideas de cortesía para pasajeros:

  • Sé amable con el personal del aeropuerto, aunque a veces te queden dudas son personas y no máquinas. Saluda, sonríe, di gracias y por favor… ¡es gratis! Eso sí, intenta no pararte de cháchara porque crearás aglomeraciones.Y recuerda que los trabajadores no son nuestros esclavos sino nuestros amigos. Se merecen el máximo respeto.
  • No empujar, golpear, pisar… No solo a la hora de embarcar, sino también a la de tratar a tu compañero de asiento.  Piensa que los demás no están de adorno, no son muebles, tienen igual  o más prisa que tú por acomodarse y necesitan espacio vital.
  • Los asientos del avión o de cualquier otro medio de trasporte (no hablo de Ryanair) se encuentran perfectamente numerados, por lo que cada persona debe ocupar el asiento que le corresponda, según marca su billete. Algunos pagan por elegir asiento o tener uno mejor, no seas caradura. Piensa que no respetar el orden de asientos crea trastornos y aglomeraciones. Si no te gusta tu asiento puedes esperar  que se acomode todo el mundo y solicitar otro.
  •  No seas fresco y llenes el compartimento destinado al equipaje con todas tus cosas, no dejando sitio para los vecinos: maleta, chaquetas, bolso, cámara, lo que compraste en la “Duty free Shop” (recuerda lo del espacio vital, especialmente porque todo el mundo respira…)

Te invito también a leer un post que escribí hace tiempo sobre este tema… y ¡buen viaje!:

https://paracortarselasvenasconunapaladepescado.com/2013/11/23/el-aeropuerto-de-mordor/

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De pequeña me gustaba ver “corrupción en Miami”. Reconozco que nunca fui fan de los estilismos de la serie y sigo sin serlo. A pesar de que el look de Don Johnson y de Philip Michael Thomas, marcaron la imagen televisiva y la moda de los años ochenta, ese look de mafioso del Caribe no va nada conmigo y me cuesta a la vista. Sin embargo creo que es más un problema de costumbre y de temporalidad que otra cosa.

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Nuestra cultura nos hace ver las cosas de una manera concreta. Hace un mes falleció mi padre en tristes circunstancias y me hizo darme cuenta de que muchas cosas que creemos fundamentales no son más que circunstanciales. En la vida hay muy pocas cosas importantes, pero la más grande es el respeto, la empatía,… El ser capaz de disfrutar de la vida, de las cosas pequeñas. Los gustos, los sabores, los colores, los olores,… son diferentes según la educación recibido. Lo que en protocolo llamamos “costumbre inveterada”, “usos”,… es variable. Lo que no puede variar es la importancia que se le dé al respeto.

Estos días tuvo lugar un importante acontecimiento: la Firma de la paz en Colombia.
El Gobierno y las FARC firmaron el acuerdo que ponía fin a 52 años de guerra ante el respaldo unánime de la comunidad internacional.

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Fotografía de la Presidencia de Colombia del mandatario Juan Manuel Santos, reunido con el secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry , y el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

Llama la atención la vestimenta que llevan los firmantes… guayaberas. Para los que no están familiarizados con la materia, decir que las guayaberas finas son una vestimenta de etiqueta en los países tropicales y son vestidas en ceremonias solemnes. Los países en los que son más usadas son Cuba, República Dominicana, Perú, Puerto Rico, México, Panamá, Ecuador, Venezuela, en el Caribe Colombiano, Centroamérica, las Filipinas… y también han llegado hasta Canarias.

Se usan para diversas actos en las Cumbres americanas. Y, aunque existen diversas versiones de su origen, todas ellas lo sitúan en Cuba.

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La primera denominación fue “yayabera”, por tener su origen en las proximidades del río Yayabo. Pero la costumbre de los campesinos de guardar las guayabas dentro de sus prácticos bolsillos hizo derivar el nombre en el de guayabera.

Una de las leyendas de su origen dice que apareció en el año 1709, cuando un campesino cubano, de Sancti Spiritus, le pidió a su esposa que le hiciera una camisa cómoda para trabajar en el campo, que al final acabó popularizándose. Otra leyenda cuenta que un inmigrante español, de la misma época, montó una sastrería también en Sancti Spíritus, donde vendía camisas largas y anchas, con bolsillos apropiados para guardar el tabaco, que sería la futura guayabera. El tiempo permitió muchas variaciones y estilos, dando lugar a la actual.

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En esta foto llevan guayabera: Ricardo Martinelli, de Panamá: Mauricio Funes, de El Salvador y el Ministro de Relaciones Exteriores de El Salvador, Hugo Martínez.

Es propio en protocolo respetar la tradición del país anfitrión. Respetar el dress-code no obliga sino que se aconseja, pero es importante por varios motivos:

Es un signo de respeto y deferencia hacia el anfitrión

Permite orden y favorece la solemnidad de la ceremonia.

En muchas ocasiones no todos respetan el dress-code, esto no siempre es ofensivo puesto que el anfitrión también debe tener en cuenta la cultura del visitante.

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Así que si alguna vez veis a alguien vestido con guayaberas no vayáis a pensar que es fan de Sonny Crockett, ni cualquier otro motivo extraño.

 

Nuestras compañeras de Protocol Bloggers Point nos han hecho un reto- propuesta esta semana. Nos invitan a buscar detalles de ceremonial, etiqueta y protocolo en cualquier obra de Cervantes o de Shakespeare, como forma de rendir homenaje a estos dos grandes de la literatura en el IV Centenario de su muerte. En mi caso he elegido una novela ejemplar de Cervantes, el Casamiento engañoso.

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“El casamiento engañoso” es la novena entre las Novelas ejemplares de Miguel de Cervantes Saavedra, publicadas en el año de 1613. Es vista como una introducción a la novela “El coloquio de los perros”, ya que en una aparecen personajes y  sucesos de la otra.

En esta novela, el Alférez Campuzano, cuenta a su amigo el  Licenciado Peralte la historia de su matrimonio con Estefanía de Caicedo.

El Alférez se propuso seducir a Estefanía,no tanto atraído por sus encantos como por la dote que ella aportaría al matrimonio. Pero cuando ya Alférez comienza a enamorarse descubre que él es engañado. Estefanía, no era la dueña de la casa y huye con su amante llevándose las joyas (que, por cierto, eran falsas) de Campuzano, dejándolo contagiado de la sífilis, que acaba de curar en el hospital.

Nosotros vamos a centrarnos en un detalle de la misma, el ajuar de las novias:

«Pues un día -prosiguió Campuzano- que acabábamos de comer en aquella posada de la Solana, donde vivíamos, entraron dos mujeres de gentil parecer con dos criadas: la una se puso a hablar con el capitán en pie, arrimados a una ventana; y la otra se sentó en una silla junto a mí, derribado el manto hasta la barba, sin dejar ver el rostro más de aquello que concedía la raridad del manto; y, aunque le supliqué que por cortesía me hiciese merced de descubrirse, no fue posible acabarlo con ella, cosa que me encendió más el deseo de verla. Y, para acrecentarle más, o ya fuese de industria [o] acaso, sacó la señora una muy blanca mano con muy buenas sortijas. Estaba yo entonces bizarrísimo, con aquella gran cadena que vuesa merced debió de conocerme, el sombrero con plumas y cintillo, el vestido de colores, a fuer de soldado, y tan gallardo, a los ojos de mi locura, que me daba a entender que las podía matar en el aire. Con todo esto, le rogué que se descubriese, a lo que ella me respondió: ”No seáis importuno: casa tengo, haced a un paje que me siga; que, aunque yo soy más honrada de lo que promete esta respuesta, todavía, a trueco de ver si responde vuestra discreción a vuestra gallardía, holgaré de que me veáis”. Beséle las manos por la grande merced que me hacía, en pago de la cual le prometí montes de oro. Acabó el capitán su plática; ellas se fueron, siguiólas un criado mío. Díjome el capitán que lo que la dama le quería era que le llevase unas cartas a Flandes a otro capitán, que decía ser su primo, aunque él sabía que no era sino su galán.

»Yo quedé abrasado con las manos de nieve que había visto, y muerto por el rostro que deseaba ver; y así, otro día, guiándome mi criado, dióseme libre entrada. Hallé una casa muy bien aderezada y una mujer de hasta treinta años, a quien conocí por las manos. No era hermosa en estremo, pero éralo de suerte que podía enamorar comunicada, porque tenía un tono de habla tan suave que se entraba por los oídos en el alma. Pasé con ella luengos y amorosos coloquios, blasoné, hendí, rajé, ofrecí, prometí y hice todas las demonstraciones que me pareció ser necesarias para hacerme bienquisto con ella. Pero, como ella estaba hecha a oír semejantes o mayores ofrecimientos y razones, parecía que les daba atento oído antes que crédito alguno. Finalmente, nuestra plática se pasó en flores cuatro días que continué en visitalla, sin que llegase a coger el fruto que deseaba.

»En el tiempo que la visité, siempre hallé la casa desembarazada, sin que viese visiones en ella de parientes fingidos ni de amigos verdaderos; servíala una moza más taimada que simple. Finalmente, tratando mis amores como soldado que está en víspera de mudar, apuré a mi señora doña Estefanía de Caicedo (que éste es el nombre de la que así me tiene) y respondíome: ”Señor alférez Campuzano, simplicidad sería si yo quisiese venderme a vuesa merced por santa: pecadora he sido, y aún ahora lo soy, pero no de manera que los vecinos me murmuren ni los apartados me noten. Ni de mis padres ni de otro pariente heredé hacienda alguna, y con todo esto vale el menaje de mi casa, bien validos, dos mil y quinientos escudos; y éstos en cosas que, puestas en almoneda, lo que se tardare en ponellas se tardará en convertirse en dineros. Con esta hacienda busco marido a quien entregarme y a quien tener obediencia; a quien, juntamente con la enmienda de mi vida, le entregaré una increíble solicitud de regalarle y servirle; porque no tiene príncipe cocinero más goloso ni que mejor sepa dar el punto a los guisados que le sé dar yo, cuando, mostrando ser casera, me quiero poner a ello. Sé ser mayordomo en casa, moza en la cocina y señora en la sala; en efeto, sé mandar y sé hacer que me obedezcan. No desperdicio nada y allego mucho; mi real no vale menos, sino mucho más cuando se gasta por mi orden. La ropa blanca que tengo, que es mucha y muy buena, no se sacó de tiendas ni lenceros; estos pulgares y los de mis criadas la hilaron; y si pudiera tejerse en casa, se tejiera. Digo estas alabanzas mías porque no acarrean vituperio cuando es forzosa la necesidad de decirlas. Finalmente, quiero decir que yo busco marido que me ampare, me mande y me honre, y no galán que me sirva y me vitupere. Si vuesa merced gustare de aceptar la prenda que se le ofrece, aquí estoy moliente y corriente, sujeta a todo aquello que vuesa merced ordenare, sin andar en venta, que es lo mismo andar en lenguas de casamenteros, y no hay ninguno tan bueno para concertar el todo como las mismas partes”.

»Yo, que tenía entonces el juicio, no en la cabeza, sino en los carcañares, haciéndoseme el deleite en aquel punto mayor de lo que en la imaginación le pintaba, y ofreciéndoseme tan a la vista la cantidad de hacienda, que ya la contemplaba en dineros convertida, sin hacer otros discursos de aquellos a que daba lugar el gusto, que me tenía echados grillos al entendimiento, le dije que yo era el venturoso y bien afortunado en haberme dado el cielo, casi por milagro, tal compañera, para hacerla señora de mi voluntad y de mi hacienda, que no era tan poca que no valiese, con aquella cadena que traía al cuello y con otras joyuelas que tenía en casa, y con deshacerme de algunas galas de soldado, más de dos mil ducados, que juntos con los dos mil y quinientos suyos, era suficiente cantidad para retirarnos a vivir a una aldea de donde yo era natural y adonde tenía algunas raíces; hacienda tal que, sobrellevada con el dinero, vendiendo los frutos a su tiempo, nos podía dar una vida alegre y descansada.

»En resolución, aquella vez se concertó nuestro desposorio, y se dio traza cómo los dos hiciésemos información de solteros, y en los tres días de fiesta que vinieron luego juntos en una Pascua se hicieron las amonestaciones, y al cuarto día nos desposamos, hallándose presentes al desposorio dos amigos míos y un mancebo que ella dijo ser primo suyo, a quien yo me ofrecí por pariente con palabras de mucho comedimiento, como lo habían sido todas las que hasta entonces a mi nueva esposa había dado, con intención tan torcida y traidora que la quiero callar; porque, aunque estoy diciendo verdades, no son verdades de confesión, que no pueden dejar de decirse.

»Mudó mi criado el baúl de la posada a casa de mi mujer; encerré en él, delante della, mi magnífica cadena; mostréle otras tres o cuatro, si no tan grandes, de mejor hechura, con otros tres o cuatro cintillos de diversas suertes; hícele patentes mis galas y mis plumas, y entreguéle para el gasto de casa hasta cuatrocientos reales que tenía. Seis días gocé del pan de la boda, espaciándome en casa como el yerno ruin en la del suegro rico. Pisé ricas alhombras, ahajé sábanas de holanda, alumbréme con candeleros de plata; almorzaba en la cama, levantábame a las once, comía a las doce y a las dos sesteaba en el estrado; bailábanme doña Estefanía y la moza el agua delante. Mi mozo, que hasta allí le había conocido perezoso y lerdo, se había vuelto un corzo. El rato que doña Estefanía faltaba de mi lado, la habían de hallar en la cocina, toda solícita en ordenar guisados que me despertasen el gusto y me avivasen el apetito. Mis camisas, cuellos y pañuelos eran un nuevo Aranjuez de flores, según olían, bañados en la agua de ángeles y de azahar que sobre ellos se derramaba.

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Preparar el ajuar para la futura esposa es una tradición que en los últimos tiempos, se ha perdido. Hasta hace unas cuántas décadas, la primera mitad del S.XX, era completamente normal ver a las jóvenes preparar su ropa interior, las sábanas, manteles, servilletas.

El cambio cultural, las políticas de igualdad y el ritmo actual de la vida ha hecho, gracias a dios, que las cosas cambien. Algunos ya tienen cosas de cuando vivían solos, otros de cuando se fueron a vivir juntos,… y los que más se abastecen en el IKEA o similar de artículos prácticos para el uso cotidiano. Las casas y las cosas son más funcionales y no hay lugar para guardar tantas cosas.

Aunque si en la tradición judía es siempre el hombre que proporciona la lencería para el hogar y la ropa de cama, mientras que la novia de cualquier manera le corresponde la ropa interior.

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Desde la mas humilde criada a la hija de un rey, todas las novias precisaban de una serie de bienes para comenzar su vida de casadas. El ajuar era preparado por los padres de cada hija, desde que era niña, sin importar la clase social y se disponían habitaciones especiales para guardarlo. En el caso de los judíos era el hombre el que proveía la lencería y la ropa de casa y cama (dato curioso).

El ajuar de Doña Ana de Austria a su llegada a Francia, por ejemplo, lo componían, según fuentes de la época:

  • Joyas por valor de 71221 ducados, orfebrería, lencería y vestidos. La infanta llevaba piedras sueltas, sortijas, un fabuloso aderezo, pulseras y otros adornos.
  • Llevaba piezas de plata: bacías, campanilla, atril, palmatoria, tarros, salvillas, azafates, espumadera, cucharón, bandejas, braseros, fuentes, platos, candeleros, un perol para hacer conservas y una cantimplora grande.
  • Cincuenta sábanas, cien toallas, cincuenta almohadas, seis docenas de paños de dientes, paños para sangrías, peinadores etc…, todas ellas trabajosamente bordadas con los escudos de armas.

 

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La mujer tenía el ajuar como carta de presentación al novio y a la familia y, aunque suene espantoso para nuestra mentalidad moderna, “eso le daba puntos”. Era una obligación y formaba parte de la “dote”. Si retrocedemos siglos atrás, como es el caso de Cervantes, cuando una joven de familia rica se casaba, para llevar todo el ajuar, se necesitaban tantas carrozas y una casa grande para guardarlo, esta era la riqueza de la novia. La presencia o ausencia de un rico ajuar era una cuestión de prestigio de la familia (el ajuar era exhibido públicamente antes del matrimonio), sino que era vivido por la comunidad como una garantía social, ya que definía el estado de “matrimonio” de un elemento de la sociedad y por lo tanto la perpetuación del orden y la estabilidad social.

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Será a finales del S.XIX cuando se empiece a ver de mal gusto la costumbre de exhibir el ajuar en público.

En la actualidad el significado de ajuar se reduce a lo que lleva la novia el día del casamiento.

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Ilustraciones: http://hcmbachillerato.blogspot.com.es/2013/01/mejor-con-un-buen-ajuar.html

 

“Yo aposté por el kichi porque estaba acostumbrada a personas en traje y chaqueta y quería ver a personas normales”

Esta frase, pronunciada por la joven que interrumpió el pleno del Ayuntamiento de Cádiz exigiendo una vivienda me ha hecho plantearme escribir este post…


¿Si te pones traje eres anormal? ¿Quién decide lo que es o no una persona normal? La normalidad y la bondad no está relacionada con la imagen. Las zapatillas pueden ser un disfraz, al igual que un traje y una corbata.

Una vez quedé a cenar con un chico, me ilusionaba la cita así que me arreglé y pensé durante horas qué ponerme. Él era una persona que se preocupaba de su aspecto y quería estar a la altura de la situación.

Cuando apareció llevaba unos tenis (bambas) bastante sucios y una sudadera con una mancha. Me sentó tan mal que no sabía qué hacer, aún así le aguanté su rollo un buen rato. Insistió en acompañarme a casa y al llegar a la puerta el tipejo quería besarme… Me enfadé tanto que le cerré la puerta en las narices y desconecté el móvil y el portero automático. Sus amigos insistían en que él era muy bueno… ¡era tarde!

Cuando uno queda con otra persona se molesta en acicalarse en virtud de lo que le importa la otra persona, quiere parecerle bien,…

El vestirse correctamente no es un signo de la bondad del corazón, ¡cierto! Pero con ello intentamos expresar una disposición de nuestro ánimo. Esta es la razón por la que uno tiene que ir vestido de acuerdo a unas normas al trabajo, a una fiesta,…

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Hay que tener en cuenta, cuando se trata de una fiesta, la voluntad del anfitrión. Si es quien organiza y nos regala, tiene derecho a elegir la etiqueta.

Ir en pantalones cortos no garantiza nada, igual que ir en corbata. Aún así, es importante nuestro aspecto exterior, ya que habla a los otros de nuestras disposiciones.

Un político acicalado, bien vestido, seriamente vestido,… muestra con ello su respeto hacia las instituciones, las mismas que representan a los ciudadanos.

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Es un error relacionar rastas o corbatas con ladrones. Tan mala es una cosa como otra y ambas son prejuicios.

Te pongas lo que te pongas, piensa que tu aspecto envía un mensaje a otros…

Cada día me convenzo más de que la sociedad, tal y como la conocemos, se encuentra en un momento de cambio; esperemos que para bien.

Las nuevas generaciones vienen pegando fuerte; apoyadas en lo antiguo, pero con un toque moderno y libre del olor rancio que tanto echa para atrás.

Hace tiempo que quería escribir este post, pero una conversación por redes sociales con @mairasolo (Mayra Álvarez) y otra con @ayaguegar (Alfonso Yague) me ha dado el empujoncito…

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Sergio Llul, jugador de baloncesto menorquín, nos deleitó con un tuit que, no saliéndose de su línea, demostraba que es totalmente compatible la modernidad con el protocolo.

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Veo cada día en redes sociales artículos orientados hacia los milennials, por eso se me ha ocurrido que estaría bien contribuir a la ingente cantidad artículos sobre la “Generación Y” con un post sobre ellos y el protocolo.

Vais a notar que les tengo cariño y creo en ellos,… tal vez porque es mi propia generación.

¿Qué es un milennial?

La Generación Milennials es conocida por diferentes nombres “Generación Y”(por seguir a la X y preceder a la Z, ¡evidente!), y recibe este nombre por ser la “Generación del Milenio” o “Millennials”. Aunque estas cosas no son exactas, se sitúa entre la década de 1980 hasta el año 2000.

Es una Generación que retrasa los típicos rito vitales de matrimonio, etc…

Es una generación que surge en plena encrucijada y periodo de cambio social. Por lo que reúne a personas innovadoras y valientes que han tenido, en muchas ocasiones, que enfrentarse a crisis sociales y personales que les obligan a transformar lo que no les gusta: sus carreras, formas precedentes de afrontar la vida,…

Es una generación más cívica y democrática, más abierta. La Generación que ha crecido a la vez que Internet y con la democratización de la información.

Esto se da también entre los profesionales del protocolo de nuestra época. Una profesión tan antigua como el mundo pero en pleno florecimiento. Una profesión que, a mi modo de ver “sale del armario” transformada y fortalecida para afrontar nuevas realidades. Pero, por supuesto, todo resurgimiento requiere una fase de transformación, dolorosa, en cierta medida.

Los milennials y la transformación de la Comunicación. Los Milennials y el protocolo como elemento de Comunicación

El protocolo les viene a los milennials como anillo al dedo por diferentes motivos. Como muchas veces digo el protocolo no es restrictivo ni huele a rancio, sino que es un medio práctico para mejorar la comunicación y el orden, mucho más en el mundo global en el que vivimos.

El protocolo aporta valores que los milennials tienen en gran estima como:

a) La ecuanimidad

Los milennials son una generación que se define a sí misma como políticamente independiente. Cerca del 30% declara no estar “afiliado” a ninguna religión, sin embargo son respetuosos con todas y se muestran interesados.
Se involucran en los temas de discusión referentes a las políticas de gobierno en curso, emiten su opinión en tono comprometido y la difunden en las redes sociales.

Igual que el protocolo, que respeta, mejorando el diálogo.

b) La profesionalidad y orden

Son altamente profesionales y lo valoran en otros. Igual que el orden y la buena organización y la transparencia.

Igual que el protocolo, que ordena, no para marcar superioridad, sino para establecer igualdad.

c) Suman lo nuevo y lo antiguo

Valoran lo bueno heredado pero son adictos a todo lo nuevo, que creen que les puede aportar.

Igual que el protocolo, que combina perfectamente modernidad con valores heredados y costumbres.

c) Viven felices la universalidad

Son nativos digitales y la tecnología es parte de su vida diaria. Aprecian y se relacionan con otras culturas y tienen una mentalidad global.

Igual que el protocolo, que une y acerca diferentes culturas, dentro del respeto y la concordia.

Es evidente que los valores de la profesión que ejerzo están al orden del día y, los que trabajamos en esto, tenemos muchos motivos para amar lo que hacemos.

El protocolo se sitúa lejos de la imagen rancia que muchos tienen de él para demostrar que es algo tan natural como el comer… o como hacer un selfie muy real…