Comunicación y Protocolo

 

Últimamente veo discrepancias entre los que defienden el protocolo como norma y los que lo ven como comunicación. Y, la verdad,… ¡no entiendo la discusión!imgres.jpg

Digo yo, ¿acaso las normas no comunican?

Por ejemplo: un uniforme del ejército sigue unas normas, pero comunica ¿no? Si yo asisto a un acto puedo distinguir cuáles son las autoridades y saber quién es quién, si están ordenadas según norma. Las normas comunican y nos ayudan a educar, comunicando cosas, enseñando…

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¿Por qué yo tengo que ir bien vestido a trabajar? Pues porque mi aspecto comunica una serie de cosas al resto. Los códigos de vestimenta son normas sociales por las cuales comunicamos a los otros determinados mensajes.

No podemos decir que el protocolo no es solo una labor de “acomodadores de palacio” y luego alegar que son solo normas para ordenar. Además de eso, como todo en esta vida: comunica.

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Existen tres elementos fundamentales en la comunicación para podernos relacionar: la escucha activa, la empatía y el refuerzo. Estos nos sirven para mejorar las relaciones sociales con los demás y esos tres los encontramos en el protocolo.

Relacionarnos, es algo imprescindible, que hacemos día tras día, las normas nos ayudan a ello:

  • Nos hacen pararnos y observar, escuchar al otro (escucha activa)
  • Nos hacen obrar con respeto y prudencia, poniéndonos en el lugar del otro (empatía)
  • Y, cuando se aplica bien, provoca que tenga lugar una relación necesaria: la comunicación (refuerzo)

Concluimos el post de hoy diciendo que: el protocolo establece y facilita el proceso de comunicación.

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Me sorprende que haya personas que aún sigan comportándose como en sus tiempos de adolescencia, como cuando le decían a su madre “es que yo soy así”.

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Realmente la belleza está en el interior, igual que la capacidad de trabajo y las aptitudes,… Lo que sucede es que el resto de la humanidad no tiene que ser un X-Men, con capacidad de visión de Rayos X, para verla en el mismo instante de conocernos; por eso es importante no solo ser, sino también parecer.

Muchas veces tengo que oír que el protocolo no sirve de nada, que en una empresa o en un centro oficial lo importante es el trabajo que se hace dentro. Es cierto que lo de dentro es importante, pero hasta que no seamos todos unos “yoguis” estupendos y vivamos en el mundo en un estado supremo de iluminación extática va a ser un poco difícil cambiar el sistema por el que nos movemos. A los humanos, de momento, todo nos entra a través de los sentidos, los cinco normales: vista, gusto, tacto, oído y olfato. Sextos y séptimos sentidos no cuentan. Y el protocolo es una forma de comunicación tan válida como otras, que ayuda a “hacer saber algo a otros”.

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Lo peor es cuando te lo dice un amigo, ¿cómo se lo dices?: “Mira, yo te conozco desde pequeño y sé que eres una especie de Clarc Kent, pero resulta que ya no existen cabinas de teléfono y con esas gafas no tienes tirón. Si al menos llevases un cartel en la frente que explicase lo de tus súper poderes…” (Ironía en modo on)

Tú puedes ser muy bueno y los demás no tienen obligación de saberlo. Todos hemos comprado algo porque el envoltorio era precioso. Todos hemos conocido a alguien que nos caía mal y luego ha acabado siendo un gran amigo. Algunos incluso han conocido a personas que no tocarían ni con un puntero láser y terminado casadas… ¡Es lo que tiene la vida y la condición humana! Mira la Bella y la Bestia. Al final el bruto era un maromo de oro, pero de entraba ponía un poco los pelos de punta.

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Conocer todas estas cosas también es una buena manera de comunicación y aquí es donde entra en juego el protocolo, que tiene la difícil misión de allanar el camino de comunicación entre diferentes, eliminando o explicando lo que pueda molestar. Porque muchas veces no es tan fácil darnos a entender a todos.

No critiques a quien comunica mal, enséñale lo que debe hacer con una buena técnica de comunicación, porque la crítica destructiva también es un canal erróneo de comunicación. Aporta SIEMPRE.

  
Y si no siempre te quedará Alaska y su “a quién le importa”. Si no puedes con “el enemigo…”

Probablemente os duelan los ojos al ver el título de este post; si es así, lo celebro, porque eso es lo que pretendía. Habéis tenido la misma sensación que yo cuando veo faltas de ortografía… Cada día se hace más común encontrarlas en la televisión, en publicidad, documentos oficiales…

Cuando yo estudiaba E.G.B. se nos decía que el castellano surgió de la evolución del latín vulgar, a partir de su uso, entre los habitantes de la respectiva zona del Imperio Romano. A mí me parece muy bien que la lengua evolucione, pero a veces me parece que es para detrás, que lo que es esto es un verdadero proceso de involución. Y me siento como Don Quijote peleando con molinos de viento.

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Recuerdo que en B.U.P. te bajaban un punto en la calificación del examen por cada falta de ortografía; vamos, con un 5,95 y una falta estabas suspendido. Ahora, cuando veo determinados estados de facebook, twitter, tuenti,… en personas licenciadas, diplomadas o graduadas, me pregunto si se quedaron en la puerta de la Universidad o llegaron a entrar alguna vez.

La RAE define comunicación de la siguiente forma:

Comunicación

(Del lat. communicatĭo, -ōnis).
1. f. Acción y efecto de comunicar o comunicarse.
2. f. Trato, correspondencia entre dos o más personas.
3. f. Transmisión de señales mediante un código común al emisor y al receptor.

La comunicación es, en esencia, el proceso por el que se transmite información de una entidad a otra. Pero claro, si el código es erróneo…¿quién entiende el mensaje? Que no es lo mismo decir “lamento la pérdida de su esposa”, que “lamento la perdida de su esposa”. Si no tenemos cuidado podríamos herir los sentimientos de algún viudo, ¡es evidente!

Las faltas de ortografía, además de una mala carta de presentación, son hirientes para aquellas personas que han de soportarlas como mártires de la comunicación. Y con el uso de las nuevas tecnologías, desgraciadamente, son cada día más frecuentes.

Hay quienes les restan importancia, sin darse cuenta de que se hacen flaco favor. Es absurdo gastarse miles de euros, o millones, en una campaña de comunicación que nos presenta como incompetentes y hace que parezcamos poco capaces ni de escribir un cartel sin dañar  la vista de todo el que lo tenga delante. Dando por descontado que lo que has logrado hacer es una campaña de verdadera incomunicación.

Claro que en algunos casos la culpa puede que no sea de aquel que lo escribió, sino de los fenómenos meteorológicos, que hacen crecer el “palito” de la “v”. Con un poco de suerte, ¡tendremos flores en primavera!

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Aquí tenéis la imagen de un cartel que no salió a la calle pero que está colgado en redes sociales y que puso a alguno los pelos de punta… y después algunas fotos más, para que os hagáis idea de lo que digo. Y tened cuidado, puesto que una sola falta puede dañar el trabajo de años en un sólo segundo; eso sí, siempre podéis echar la culpa al becario…

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Estamos acostumbrados a escuchar la expresión “para cortarse las venas” ante algo que es realmente deprimente, deplorable, mezquino, mediocre… o que da vergüenza ajena. A mí siempre me gusta añadir, tal vez sea por deformación profesional, mi peculiar coletilla: “con una pala de pescado”… Y es que, si nos paramos a pensar, no merece la pena deprimirse o quejarse por algo que está mal, sino ponerse manos a la obra por mejorarlo.
Siempre he creído que hay dos tipos de personas: los que crean problemas y los que buscan soluciones; por eso mismo he optado por esta profesión, porque es una profesión que crea soluciones.
El ritmo actual de la sociedad exige profesionales altamente cualificados, en un amplio espectro. Así, cuando hablamos de protocolo no debemos restringir nuestro pensamiento a jerarquía y etiqueta, sino a todos aquellos aspectos que nos hacen la vida más fácil, más sencilla, que evitan situaciones de tensión, choques culturales,… y que son muestras de respeto mutuo entre personas, tanto en los ámbitos públicos como en el entorno más íntimo y privado.
Muchas personas consideran el protocolo como algo anticuado, en desuso,… algo que no sirve para mucho… Y lo mismo puede pasar con todo aquello que no se renueva, de ahí la importancia de la adecuación y de cuidar y dar importancia a los modos y maneras protocolarias, que son algo que no puede dejar de estar de moda. En realidad lo antiguo siempre es cimiento de cosas nuevas, de aire nuevo y vida verdadera que surge una y otra vez.
El protocolo no es algo rígido, antiguo, muerto,… es una piedra viva sobre la que se pueden cimentar y asentar sus raíces multitud de fructíferas plantas. Actualmente, es un poderoso instrumento de comunicación selectiva y me atrevería a decir que es la forma más antigua de comunicación corporativa, que desde hace siglos se emplea para proyectar la imagen pública, alcanzar objetivos y transmitir el carácter de instituciones y organizaciones de todo tipo. No es algo nuevo, pero sí algo continuamente renovado y efectivo.