protocolo

Vuelvo a la carga con mi blog, después de un tiempo de descanso. Espero que me hayáis echado mucho de menos y que leáis mis nuevos post con más ganas que antes. Si logro no aburriros me daré por bien pagada.

Me pareció que mi visita a Valladolid era una buena oportunidad para “volver al buen camino”.

Junto con mi compañero Vicente Díez, el delegado de la Asociación Española de Protocolo en CyL, participé en las II Jornadas sobre Comunicación y Protocolo que se celebrarán en Valladolid el viernes 17 de marzo, de la mano de la asociación Pro-Joven Valladolid. Como bien señaló mi compañero Vicente, “es fundamental aprovechar la oportunidad de arropar los foros y plataformas a nuestra disposición para el mejor conocimiento de nuestra disciplina profesional”.

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Junto a nosotros participaron responsables de comunicación y relaciones de distintas organizaciones de ámbito autonómico, como Narciso Prieto (CAJA RURAL); María José Gutiérrez (Telefónica) o los responsables de la comunicación en las Policías Nacional y Local de Valladolid, Carmen Mediavilla (Jefatura de Policía de CyL) e Iñaki Ayuso (Policía Local), que aportarán la visión de la información desde el punto de vista de la seguridad.

Y fue para mí un motivo de gran alegría desvirtualizar amigos del mundo de la comunicación como Encarna Sandonis.

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Mi ponencia llevaba el título de “Protocolo como herramienta de marketing” y quiero contaros cuál es mi visión al respecto:

Como os he contado muchas veces, el protocolo es una herramienta de orden que nos ayuda a optimizar tiempo y recursos… como diría mi amiga Natalia González: “los de protocolo siempre ordenándolo todo y aprovechando el tiempo”.

En el panorama empresarial actual las empresas han de diferenciarse del resto, dotarse de elementos que “las vistan bonito” frente a otras empresas. Muchas veces nos rompemos la cabeza pensando en cómo ser diferentes, destacar… y la manera más fácil de destacar puede que se nos pase desapercibida.

El protocolo ayuda a las empresas a integrarse dentro de un entorno de forma simple y natural, convirtiéndose así en una herramienta de gestión más de la identidad corporativa.

Es evidente que pequeñas, grandes y medianas empresas luchan diariamente por dotarse de rasgos distintivos y diferenciadores que les permitan tener una imagen positiva en la mente de sus públicos ya que esto, hará más aceptables sus mensajes comerciales y sus productos en el mercado. La idea es que el mensaje llegue a destino minimizando los posibles desvíos y desajustes en el mismo.

En este aspecto es primordial el manual de protocolo de la empresa. Se trata de un instrumento muy práctico que no solamente refleja la organización de los actos que se hacen en el mundo empresarial e institucional, sino todas aquellas cuestiones que cada uno debe tener en cuenta para que, de acuerdo a sus características, su idiosincrasia, su estructura económica,… y todas las variables que afecten a la vida misma de la empresa, consiga transmitir, a través de una optima gestión comunicacional, la imagen corporativa a todos los públicos a las que se la quiera trasladar, potenciando la estrategia de política global  interna de la empresa, decidida por la gerencia de la organización.


La clave se encuentra en la implantación de una estructura de organización de la gestión de comunicación que nos permita alcanzar nuestros objetivos. 

En primer lugar, la política general de protocolo de la empresa, que deberá definir estos objetivos posibles y las estrategias para desarrollarlos, además de la estructura definida y jerarquizada del servicio de protocolo necesario. Claro está que la estructura dependerá, fundamentalmente, de la dimensión y características de la entidad.

En segundo lugar, los aspectos de protocolo interno, que abarcan principalmente los aspectos de funcionamiento y jerarquía de la empresa.

Y, en tercer lugar, la sistematización concreta de los actos, orientada a objetivos y política concreta de la empresa. En esta parte deben reflejarse los aspectos organizativos tanto de las juntas de accionistas como de otros eventos propios de las empresas como son desayunos, visitas, inauguraciones, primeras piedras,…

Pero especialmente nunca olvidar que, como diría D. Felio Villarrubia, protocolo es ciencia y arte… y para crear arte se necesita un trabajo previo de preparación y dedicación. Un trabajo protocolo bien hecho garantiza una potenciación efectiva del trabajo de gestión y comunicación.

imgres-53.jpgSi has abierto este post pensando que va a ser largo y árido y que va a describir todos los pormenores del protocolo en el Congreso…¡te equivocas!

Escribo esto porque una amiga me ha preguntado si era legítimo que ayer diputados y senadores tuviesen que sentarse en el Congreso, el día de la Sesión de Apertura de la Legislatura, “según fuesen llegando”… o, empleando sus palabras “al estilo de tonto el último”.

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Normalmente los diputados tienen su escaño asignado en el Congreso, pero para la Sesión de Apertura el eficiente y preparado servicio de protocolo del Congreso, tiene que adaptar la zona de asientos, poniendo bancos corridos.

Normalmente en el Congreso se sientan 350 diputados, ese día hay que sumar a los 266 senadores… ¡Labor de chinos! Ni mi padre ordenaba tan bien el maletero del coche en los viajes… Algunos se han entrenado de pequeños con el tetris, en mi caso no me gustaban los videojuegos.

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Ante tal avalancha de autoridades protocolo opta por protocolizar solo a un pequeño grupo de asientos destinados al Gobierno, cosa que es totalmente válida y además de mucho sentido común. Con semejante trabajo lo lógico es optimizar recursos. Además, se supone que los diputados y senadores son personas educadas y comprensivas que no se van a pelear por estar delante ni en el primer sitio (¿o no?).

Evidentemente no es necesario protocolizar los puestos en todos los actos; se puede protocolizar todo, parte o nada. Y no pasa nada, porque cada sistema tiene un sentido y unas razones lógicas. Porque el protocolo no es estricto e inflexible, eso lo son determinadas personas…

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Bueno, en realidad hubo alguien que sí se quejó… De repente no era lo mismo estar detrás que delante y, aunque todos seamos iguales, no daba lo mismo sentarse delante o detrás por orden de llegada.

El día que a Pablo Iglesias el protocolo le parecía “hacer política antigua”.

El día que a Pablo Iglesias le parecieron importantes los de protocolo… y se ve que al final nadie tuvo inconveniente en cederle el sitio.

Lo que espero este este hecho haga a muchos darse cuenta de que el protocolo es necesario y que determinadas “bondades” y “detalles” no han de darse por supuestas. Confieso que siento cierta complacencia interior cuando la gente se da cuenta de que el protocolo está para algo… y, curiosamente, los que más lo desprecian son los que más acaban por reclamarlo…

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En las sesiones más solemnes el atrio  de la fachada principal, la de la famosa Puerta de los leones, se engalana con un baldaquino de color rojo de más de 130 metros cuadrados y 220 kilos.

Confiésalo, a ti también se te van los ojos directos a ese impresionante dosel. Muchas veces pienso: “¡por Dios, que no se caiga!”… Y no, no se cae, los bomberos invierten seis horas en colocarlo con mucho cariño y empeño para que todo esté preparado.

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Este jueves se celebra la solemne sesión presidida por vez primera por Felipe VI y el baldaquino junto a sus ocho reposteros comienza a prepararse una semana antes del acto. A los que seguro que no se les va a caer encima este año va a ser a los diputados  y senadores de Podemos, que no se van a quedar a recibir al Rey ni a contemplar como el Rey recibe honores militares y pasa revista al Batallón de Honores.

Me han resultado curiosas las declaraciones de Pablo Iglesias diciendo que estos actos protocolarios no sirven para nada. Me extraña que él no sepa que en la figura del Jefe de Estado estamos todos representados, no solo en los que están sentados en los escaños. Sería una señal de respeto hacia todos respetar (valga la redundancia) lo que dice el “inservible” protocolo, que no es otro cosa que un modo de visualizar la democracia en este país.

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Está claro que el famoso baldaquino del Congreso no pasa desapercibido para nadie… Pero, ¿cuánto lleva ahí como testigo mudo de las aperturas de legislatura y proclamaciones de jefes de Estado?

El actual y llamativo dosel rojo, que atrae las miradas de todos, ya se usó en la proclamación de Alfonso XIII, el 17 de mayo 1902. No se conoce la fecha exacta en la cual se fabricó, pero está ente 1900-1902. El festón colgante que rodea al baldaquino está decorado con los escudos de las provincias españolas. El escudo aparece en el centro, enmarcado por motivos vegetales. Y los fabulosos bordados en sedas que lo adornan debieron llevar muchas horas de trabajo y buena vista.

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Cuando no se usa es custodiado celosamente en la Real Fábrica de Tapices. Aquí os dejo un interesante vídeo de la Real Fábrica que explica todo el proceso para colocarlo, disfrutad de él. Y uno de la colocación, en versión comprimida, solo hay que pinchar para verlo.

Os dejo el enlace para ver la Solemne Apertura en directo. Sé que hay quien va a escribir muy bien sobre esto, así que no os aburro más.

Si os parece interesante podéis seguir en Twitter el perfil del Congreso, donde podréis aprender mucho más.

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Cuántas veces le oí a mi padre eso de “si no te queda bien, por muy de moda que esté, no te lo pongas”. Pues últimamente están de moda las pajaritas y alguno se lo ha tomado muy en serio… Esto es lo que vimos el otro día en un conocido programa de Cuatro, First Date:

Actor, 41 años. #FirstDates199

Se trata de una corbata corta que se abrocha por delante con un lazo cuyas puntas sueltas apenas sobresalen de la lazada.

Origen de la pajarita

Tiene un curioso origen, ya que nació en el S.XVII entre los mercenarios croatas, que utilizaban  una bufanda para cerrar la abertura de sus camisas y protegerse del frío. Y a lo largo del S XVIII y XIX se extendió desde Francia a  toda Europa.

Around the world

Según el lugar del mundo en el que la compres recibe un nombre diferente: corbata de lazo, corbata de moño, corbatín, moño, moñita, pajarita o humita. Cada uno la llama según su costumbre o tradición, pero son la misma cosa.

Pajaritas y protocolo

El protocolo nos dice que la pajarita no se debe llevar a las bodas por un motivo: es la prenda que acompaña al esmoquin que se trata de una vestimenta usada, como diría Gerardo Correas, “para algo muy festivo y de noche, como una puesta de largo o la fiesta de fin de año”. Y por qué hay que llevar pajarita con el esmoquin, ¡simple!: te lo pide el mismo cuello de la camisa.

Sin embargo la pajarita está de moda, ha hecho una prodigiosa reaparición en acontecimientos lúdicos y semi-formales como fiestas de noche y cócteles. En la actualidad cada día vemos más gente con pajarita. De hecho yo misma conozco a un diseñador que hace unas preciosas. Su marca se llama Sarantontón y podéis ver sus diseños aquí.

Y la pregunta es: ¿se llevan correctamente? ¿Se puede mezclar el concepto de moda con el de protocolo? No. Es evidente entonces que no hablamos de lo mismo cuando hablamos de moda que de protocolo. Esto no quiero decir que estén peleados.

Por eso tienes que tener cuidado y pensar si es adecuado o no ponértela para ciertos eventos. Y mucho menos en el lugar inapropiado… Tus barbas de hipster no necesitan ni lazos ni pajaritas.

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Quiero dedicar este post a mi padre que me enseñó el verdadero valor oculto dentro de una mujer, que no es otra cosa que el que está oculto en un hombre: el valor de ser persona.

El hombre que me enseñó a luchar, sin rendirme, para conseguir aquello en lo que creía, el caballero ¡Va por ti!

Estos días nuestra compañera de “Política y Protocolo“, Diana Rubio, ha compartido un artículo de El Mundo escrito por Carlos Fresneda, corresponsal en Londres: “A Theresa May: “Señora primera ministra, quítese los tacones”, de 15/09/2016 13:57 .  El artículo versaba sobre la necesidad o no necesidad de que las mujeres lleven tacones en el trabajo y la polémica desatada a través de una petición de solidaridad con el tema a la Ministra May.


Este es un tema complicado sobre el que últimamente se oye mucho hablar en medios. Aquí os dejo algunos artículos sobre casos de este tipo:

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Post en blogs especializados en derecho sobre el tema, como es el caso de Garrigues o Adriá Abogados.

Y muchos casos similares con los que no pretendo aburrir y que podéis localizar en buscadores y similares.

Con respecto al caso, me planteo qué solución aporta el protocolo empresarial y social al tema.

Es mucho lo que el protocolo media en casos de este tipo. Mi padre me enseñó que una profesión debe ser un medio para convertir la sociedad en algo mejor, de lo contrario no sirve para nada, no aporta, aunque uno llegue a lo más alto. Y por eso escogí esta profesión porque creo que es medio para mejorar los valores sociales y empresariales… y también el rendimiento del esfuerzo humano.

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He encontrado acerca de esto algunos artículos de power dressing que hablan del poderío de los tacones. No desconfío del poder de la impresión y de la fuerza de la imagen; sin embargo creo que hay cualidades que pueden perfectamente suplir unos tacones. Algunas teorías acerca de que los tacones son un elemento sexual que fragiliza a la mujer me parecen tan disparatadas y en la misma línea de las de que dicen que los tacones son un elemento satánico.

Los tacones nos hacen parecer altas y esbeltas. Algunos hablan, como este fantástico post de Sr. Protocolo del tamaño adecuado para cada ocasión. No me parece mal, pero quiero recordar que algunas normas de protocolo social son sugerencias, no de obligado cumplimiento. Si uno tiene un problema de espalda es mejor ir en tacón bajo o plano a una boda o a un evento de trabajo que tener que quitarse los zapatos o montar un número de circo. ¡Ese bendito sentido común! ¡Con lo mona que estoy yo con mis tacones “kitten heels” a lo Audrey Hepburn!

Uno tiene que usar la cabeza y no va a ir a trabajar de profesora de gimnasia con unos Louis Vuitton de 15 cms, como tampoco vas a una boda en bailarinas, como no te presentar al Consejo de administración de Repsol con unas Nike con luces Led… por muy divina que te veas.

Una mujer no necesita ni quitarse ni ponerse unos tacones para dar ejemplo. Una profesional, ya sea de la empresa pública o privada, demuestra su profesionalidad con su buen hacer diario. Es cierto que el respeto pide que uno vaya correctamente vestido al trabajo, pero de ahí a determinar la altura de los tacones va un mundo. En ningún sitio dice que sea necesario emular el estilo del hombre para ir a la oficina, ni llevar unos zapatos propios de una cena de gala… o de un show de Drag Queens… El protocolo y la educación social están para facilitar la vida, no para martirizar ni cosificar mujeres.

Lo que es evidente es que para cambiar algo en el mundo y, en este caso en la empresa, es necesario crear un sistema que implique a toda la organización. Muchos asocian las diferencias de trato en la empresa, desde el punto de vista del género, con diferencias salariales, conciliación, pero todos estos inconvenientes son mejorables con una buena política de educación a través del día a día y de los procesos de comunicación de la empresa, tanto internos como externos.

Desde el punto de vista del protocolo el trato debe ser igual para mujeres que para hombres y se debe atender al cargo. Es una cuestión de “meritocracia”, no de “sexocracia” o de “taconicracia”.

Vivimos en un mundo cambiante, en evolución continua. Los tiempos y los modelos evolucionan  (se pretende que hacia mejor), el protocolo empresarial está orientado a crear empresa, a potenciar su imagen. Gracias a Dios, cada día se vincula más la RSC con las políticas de igualdad, integrando estas como parte de la garantía de calidad y excelencia profesional. Las políticas de igualdad en una empresa responden a una tendencia de modernización de la misma y a un intento por maximizar el beneficio partiendo del cuidado del personal humano. La RSC no se debe ligar solo al mecenazgo y la solidaridad, también debe orientarse a que cada individuo actúe de una forma ética y sostenible en su propia función. Que se colabore al bien común y que el respeto y el orden sean claves en el trato diario y en el trato con el cliente.

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Si bien es cierto que en el mercado laboral, independientemente de nuestra valía, y por suerte o por desgracia, la primera imagen que transmite cada persona está ligada a su aspecto y,por ende, a su ropa, se potenciar el valor personal y profesional. Si entendemos el protocolo empresarial como “el compendio de normas escritas que regulan la actuación de una empresa, tanto interna como externamente”, nos daremos cuenta de que esas normas pueden ayudar a orientar el pensamiento, la convivencia, el comportamiento….

En las últimas décadas el mundo del trabajo ha sufrido grandes transformaciones como resultado de la incorporación de una fuerza laboral caracterizada por la diversidad. Bajo esta perspectiva la vinculación de la mujer al ámbito laboral se ha dado a pasos agigantados, aunque en condiciones de inequidad.

Los tratos vejatorios a la mujer en el trabajo no deben estar nunca bien vistos. Es buena señal la empresa que castiga todas estas cosas. En el mundo de las azafatas, por ejemplo es algo recurrente. No se nos olvide aquel episodio por el que Hamilton fue criticado en un mundial, en el que baño literalmente a una azafata con una botella de champán. Aquel día yo bloqueé a un “tipo” de mi facebook por comentar que las contrataban para hacer de objetos y no se podían quejar. El que una persona trabaje con su imagen no la convierte en un objeto y no disculpa al que la trate como tal.

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Si la conciencia feminista depende de unos tacones, la conciencia feminista no sirve para nada. Gracias a Dios no es así. Es una lástima que nos fijemos mucho más en el armario de las mujeres que se dedican a la política que en el de los políticos, como es el caso reiterativo de la Ministra May. Te pongas el tacón que te pongas… ¡Vuela!

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Últimamente veo discrepancias entre los que defienden el protocolo como norma y los que lo ven como comunicación. Y, la verdad,… ¡no entiendo la discusión!imgres.jpg

Digo yo, ¿acaso las normas no comunican?

Por ejemplo: un uniforme del ejército sigue unas normas, pero comunica ¿no? Si yo asisto a un acto puedo distinguir cuáles son las autoridades y saber quién es quién, si están ordenadas según norma. Las normas comunican y nos ayudan a educar, comunicando cosas, enseñando…

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¿Por qué yo tengo que ir bien vestido a trabajar? Pues porque mi aspecto comunica una serie de cosas al resto. Los códigos de vestimenta son normas sociales por las cuales comunicamos a los otros determinados mensajes.

No podemos decir que el protocolo no es solo una labor de “acomodadores de palacio” y luego alegar que son solo normas para ordenar. Además de eso, como todo en esta vida: comunica.

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Existen tres elementos fundamentales en la comunicación para podernos relacionar: la escucha activa, la empatía y el refuerzo. Estos nos sirven para mejorar las relaciones sociales con los demás y esos tres los encontramos en el protocolo.

Relacionarnos, es algo imprescindible, que hacemos día tras día, las normas nos ayudan a ello:

  • Nos hacen pararnos y observar, escuchar al otro (escucha activa)
  • Nos hacen obrar con respeto y prudencia, poniéndonos en el lugar del otro (empatía)
  • Y, cuando se aplica bien, provoca que tenga lugar una relación necesaria: la comunicación (refuerzo)

Concluimos el post de hoy diciendo que: el protocolo establece y facilita el proceso de comunicación.

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Nuestras compañeras de Protocol Bloggers Point nos han hecho un reto- propuesta esta semana. Nos invitan a buscar detalles de ceremonial, etiqueta y protocolo en cualquier obra de Cervantes o de Shakespeare, como forma de rendir homenaje a estos dos grandes de la literatura en el IV Centenario de su muerte. En mi caso he elegido una novela ejemplar de Cervantes, el Casamiento engañoso.

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“El casamiento engañoso” es la novena entre las Novelas ejemplares de Miguel de Cervantes Saavedra, publicadas en el año de 1613. Es vista como una introducción a la novela “El coloquio de los perros”, ya que en una aparecen personajes y  sucesos de la otra.

En esta novela, el Alférez Campuzano, cuenta a su amigo el  Licenciado Peralte la historia de su matrimonio con Estefanía de Caicedo.

El Alférez se propuso seducir a Estefanía,no tanto atraído por sus encantos como por la dote que ella aportaría al matrimonio. Pero cuando ya Alférez comienza a enamorarse descubre que él es engañado. Estefanía, no era la dueña de la casa y huye con su amante llevándose las joyas (que, por cierto, eran falsas) de Campuzano, dejándolo contagiado de la sífilis, que acaba de curar en el hospital.

Nosotros vamos a centrarnos en un detalle de la misma, el ajuar de las novias:

«Pues un día -prosiguió Campuzano- que acabábamos de comer en aquella posada de la Solana, donde vivíamos, entraron dos mujeres de gentil parecer con dos criadas: la una se puso a hablar con el capitán en pie, arrimados a una ventana; y la otra se sentó en una silla junto a mí, derribado el manto hasta la barba, sin dejar ver el rostro más de aquello que concedía la raridad del manto; y, aunque le supliqué que por cortesía me hiciese merced de descubrirse, no fue posible acabarlo con ella, cosa que me encendió más el deseo de verla. Y, para acrecentarle más, o ya fuese de industria [o] acaso, sacó la señora una muy blanca mano con muy buenas sortijas. Estaba yo entonces bizarrísimo, con aquella gran cadena que vuesa merced debió de conocerme, el sombrero con plumas y cintillo, el vestido de colores, a fuer de soldado, y tan gallardo, a los ojos de mi locura, que me daba a entender que las podía matar en el aire. Con todo esto, le rogué que se descubriese, a lo que ella me respondió: ”No seáis importuno: casa tengo, haced a un paje que me siga; que, aunque yo soy más honrada de lo que promete esta respuesta, todavía, a trueco de ver si responde vuestra discreción a vuestra gallardía, holgaré de que me veáis”. Beséle las manos por la grande merced que me hacía, en pago de la cual le prometí montes de oro. Acabó el capitán su plática; ellas se fueron, siguiólas un criado mío. Díjome el capitán que lo que la dama le quería era que le llevase unas cartas a Flandes a otro capitán, que decía ser su primo, aunque él sabía que no era sino su galán.

»Yo quedé abrasado con las manos de nieve que había visto, y muerto por el rostro que deseaba ver; y así, otro día, guiándome mi criado, dióseme libre entrada. Hallé una casa muy bien aderezada y una mujer de hasta treinta años, a quien conocí por las manos. No era hermosa en estremo, pero éralo de suerte que podía enamorar comunicada, porque tenía un tono de habla tan suave que se entraba por los oídos en el alma. Pasé con ella luengos y amorosos coloquios, blasoné, hendí, rajé, ofrecí, prometí y hice todas las demonstraciones que me pareció ser necesarias para hacerme bienquisto con ella. Pero, como ella estaba hecha a oír semejantes o mayores ofrecimientos y razones, parecía que les daba atento oído antes que crédito alguno. Finalmente, nuestra plática se pasó en flores cuatro días que continué en visitalla, sin que llegase a coger el fruto que deseaba.

»En el tiempo que la visité, siempre hallé la casa desembarazada, sin que viese visiones en ella de parientes fingidos ni de amigos verdaderos; servíala una moza más taimada que simple. Finalmente, tratando mis amores como soldado que está en víspera de mudar, apuré a mi señora doña Estefanía de Caicedo (que éste es el nombre de la que así me tiene) y respondíome: ”Señor alférez Campuzano, simplicidad sería si yo quisiese venderme a vuesa merced por santa: pecadora he sido, y aún ahora lo soy, pero no de manera que los vecinos me murmuren ni los apartados me noten. Ni de mis padres ni de otro pariente heredé hacienda alguna, y con todo esto vale el menaje de mi casa, bien validos, dos mil y quinientos escudos; y éstos en cosas que, puestas en almoneda, lo que se tardare en ponellas se tardará en convertirse en dineros. Con esta hacienda busco marido a quien entregarme y a quien tener obediencia; a quien, juntamente con la enmienda de mi vida, le entregaré una increíble solicitud de regalarle y servirle; porque no tiene príncipe cocinero más goloso ni que mejor sepa dar el punto a los guisados que le sé dar yo, cuando, mostrando ser casera, me quiero poner a ello. Sé ser mayordomo en casa, moza en la cocina y señora en la sala; en efeto, sé mandar y sé hacer que me obedezcan. No desperdicio nada y allego mucho; mi real no vale menos, sino mucho más cuando se gasta por mi orden. La ropa blanca que tengo, que es mucha y muy buena, no se sacó de tiendas ni lenceros; estos pulgares y los de mis criadas la hilaron; y si pudiera tejerse en casa, se tejiera. Digo estas alabanzas mías porque no acarrean vituperio cuando es forzosa la necesidad de decirlas. Finalmente, quiero decir que yo busco marido que me ampare, me mande y me honre, y no galán que me sirva y me vitupere. Si vuesa merced gustare de aceptar la prenda que se le ofrece, aquí estoy moliente y corriente, sujeta a todo aquello que vuesa merced ordenare, sin andar en venta, que es lo mismo andar en lenguas de casamenteros, y no hay ninguno tan bueno para concertar el todo como las mismas partes”.

»Yo, que tenía entonces el juicio, no en la cabeza, sino en los carcañares, haciéndoseme el deleite en aquel punto mayor de lo que en la imaginación le pintaba, y ofreciéndoseme tan a la vista la cantidad de hacienda, que ya la contemplaba en dineros convertida, sin hacer otros discursos de aquellos a que daba lugar el gusto, que me tenía echados grillos al entendimiento, le dije que yo era el venturoso y bien afortunado en haberme dado el cielo, casi por milagro, tal compañera, para hacerla señora de mi voluntad y de mi hacienda, que no era tan poca que no valiese, con aquella cadena que traía al cuello y con otras joyuelas que tenía en casa, y con deshacerme de algunas galas de soldado, más de dos mil ducados, que juntos con los dos mil y quinientos suyos, era suficiente cantidad para retirarnos a vivir a una aldea de donde yo era natural y adonde tenía algunas raíces; hacienda tal que, sobrellevada con el dinero, vendiendo los frutos a su tiempo, nos podía dar una vida alegre y descansada.

»En resolución, aquella vez se concertó nuestro desposorio, y se dio traza cómo los dos hiciésemos información de solteros, y en los tres días de fiesta que vinieron luego juntos en una Pascua se hicieron las amonestaciones, y al cuarto día nos desposamos, hallándose presentes al desposorio dos amigos míos y un mancebo que ella dijo ser primo suyo, a quien yo me ofrecí por pariente con palabras de mucho comedimiento, como lo habían sido todas las que hasta entonces a mi nueva esposa había dado, con intención tan torcida y traidora que la quiero callar; porque, aunque estoy diciendo verdades, no son verdades de confesión, que no pueden dejar de decirse.

»Mudó mi criado el baúl de la posada a casa de mi mujer; encerré en él, delante della, mi magnífica cadena; mostréle otras tres o cuatro, si no tan grandes, de mejor hechura, con otros tres o cuatro cintillos de diversas suertes; hícele patentes mis galas y mis plumas, y entreguéle para el gasto de casa hasta cuatrocientos reales que tenía. Seis días gocé del pan de la boda, espaciándome en casa como el yerno ruin en la del suegro rico. Pisé ricas alhombras, ahajé sábanas de holanda, alumbréme con candeleros de plata; almorzaba en la cama, levantábame a las once, comía a las doce y a las dos sesteaba en el estrado; bailábanme doña Estefanía y la moza el agua delante. Mi mozo, que hasta allí le había conocido perezoso y lerdo, se había vuelto un corzo. El rato que doña Estefanía faltaba de mi lado, la habían de hallar en la cocina, toda solícita en ordenar guisados que me despertasen el gusto y me avivasen el apetito. Mis camisas, cuellos y pañuelos eran un nuevo Aranjuez de flores, según olían, bañados en la agua de ángeles y de azahar que sobre ellos se derramaba.

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Preparar el ajuar para la futura esposa es una tradición que en los últimos tiempos, se ha perdido. Hasta hace unas cuántas décadas, la primera mitad del S.XX, era completamente normal ver a las jóvenes preparar su ropa interior, las sábanas, manteles, servilletas.

El cambio cultural, las políticas de igualdad y el ritmo actual de la vida ha hecho, gracias a dios, que las cosas cambien. Algunos ya tienen cosas de cuando vivían solos, otros de cuando se fueron a vivir juntos,… y los que más se abastecen en el IKEA o similar de artículos prácticos para el uso cotidiano. Las casas y las cosas son más funcionales y no hay lugar para guardar tantas cosas.

Aunque si en la tradición judía es siempre el hombre que proporciona la lencería para el hogar y la ropa de cama, mientras que la novia de cualquier manera le corresponde la ropa interior.

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Desde la mas humilde criada a la hija de un rey, todas las novias precisaban de una serie de bienes para comenzar su vida de casadas. El ajuar era preparado por los padres de cada hija, desde que era niña, sin importar la clase social y se disponían habitaciones especiales para guardarlo. En el caso de los judíos era el hombre el que proveía la lencería y la ropa de casa y cama (dato curioso).

El ajuar de Doña Ana de Austria a su llegada a Francia, por ejemplo, lo componían, según fuentes de la época:

  • Joyas por valor de 71221 ducados, orfebrería, lencería y vestidos. La infanta llevaba piedras sueltas, sortijas, un fabuloso aderezo, pulseras y otros adornos.
  • Llevaba piezas de plata: bacías, campanilla, atril, palmatoria, tarros, salvillas, azafates, espumadera, cucharón, bandejas, braseros, fuentes, platos, candeleros, un perol para hacer conservas y una cantimplora grande.
  • Cincuenta sábanas, cien toallas, cincuenta almohadas, seis docenas de paños de dientes, paños para sangrías, peinadores etc…, todas ellas trabajosamente bordadas con los escudos de armas.

 

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La mujer tenía el ajuar como carta de presentación al novio y a la familia y, aunque suene espantoso para nuestra mentalidad moderna, “eso le daba puntos”. Era una obligación y formaba parte de la “dote”. Si retrocedemos siglos atrás, como es el caso de Cervantes, cuando una joven de familia rica se casaba, para llevar todo el ajuar, se necesitaban tantas carrozas y una casa grande para guardarlo, esta era la riqueza de la novia. La presencia o ausencia de un rico ajuar era una cuestión de prestigio de la familia (el ajuar era exhibido públicamente antes del matrimonio), sino que era vivido por la comunidad como una garantía social, ya que definía el estado de “matrimonio” de un elemento de la sociedad y por lo tanto la perpetuación del orden y la estabilidad social.

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Será a finales del S.XIX cuando se empiece a ver de mal gusto la costumbre de exhibir el ajuar en público.

En la actualidad el significado de ajuar se reduce a lo que lleva la novia el día del casamiento.

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Ilustraciones: http://hcmbachillerato.blogspot.com.es/2013/01/mejor-con-un-buen-ajuar.html

 

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Sí, puede parecer un poco tonto escribirle al Sr. Margallo para contarle que te duele la cabeza… Pero es que a mí me duele por culpa de sus declaraciones de esta mañana.

Sé que otros compañeros han escrito sobre esto (Daniel y Mayra), pero yo también quiero poner mi granito de arena.

Lo primero es aclarar términos:

acomodador, ra.

“En los teatros y otros lugares análogos, persona encargada de indicar a los concurrentes los asientos que deben ocupar.” (Cfr. Real Academia Española)

protocolo

“Conjunto de reglas establecidas por norma o por costumbre para ceremonias y actos oficiales o solemnes. Conjunto de reglas que se establecen en el proceso de comunicación entre dos sistemas”. (Cfr. Real Academia Española)

diplomacia
“Rama de la política que se ocupa del estudio de las relaciones internacionales. Conjunto de los procedimientos que regulan las relaciones entre los Estados. Servicio de los Estados en sus relaciones internacionales”. (Cfr. Real Academia)

Aclarado lo que significa cada cosa según la RAE, que creo que tiene suficiente legitimidad, es evidente que, como dice el Sr. Ministro, los protocolistas no son los que se ocupan de sentar a la gente, esos son los acomodadores. Al contrario, se encargan de organizar los actos oficiales, estableciendo procesos de comunicación entre dos sistemas… Lo que en cristiano quiere decir que les allanan el camino a los diplomáticos.

Verá, Sr. Ministro, un protocolista no solo sabe de legislación protocolaria (las normas jurídicas de protocolo, en especial, aquellas que afectan directamente a los actos de naturaleza oficial, organizados por las instituciones o autoridades), lo que Ud considera sentar a gente… Vamos, Reales Decretos y esas cosillas de nada… Además de eso estudiamos Comunicación, Marketing, algo de Ciencias Políticas, Organización de Actos, Protocolo Militar, Deportivo, Eclesiástico, Seguridad, ¡Diseño gráfico! (sé lo que está pensando… pero sirve para algo más que para hacer sillas bonitas para los planos). En resumen,… estudiamos un montón para que cuando políticos como Ud llegan a un acto todo esté en perfecto orden, como si nada, como si cada acto se repitiese cada día con naturalidad… ¡Fíjese cuánto naturalidad que ni siquiera Ud se ha dado cuenta de lo que trabajamos y eso que se pasa el día en actos oficiales.

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Aprovecho la ocasión, ahora que ya sabe que esto se estudia, para pedirle a ver si la próxima vez que vaya a apuntarme al paro puedo hacerlo, porque mi profesión no existe en “el sistema”, aunque existan puestos oficiales… Que no tenga que apuntarme como “organizadora de congresos” o “azafata”, sino como protocolista. ¡Se lo agradezco!

El diccionario de la RAE dice exactamente del protocolo que contribuye “estableciendo procesos de comunicación entre dos sistemas”, porque, Sr. Ministro, sin el protocolo ni siquiera podría sentarse a negociar… no sabría Ud ni por dónde empezar… El protocolo es una herramienta de comunicación que elimina fronteras; arregla las meteduras de pata de algunos políticos que dicen cosas o hacen cosas que no deberían…

Tal vez no se ha dado cuenta porque los que trabajamos en esto somos PROFESIONALES, hacemos nuestro trabajo bien y no salimos en los periódicos; pero yo se lo aclaro, porque mi abuelita me enseñó que hay una obra de misericordia que se llama “enseñar al que no sabe”. Yo sé que Ud habló sin saber, pero se puede hablar sin tener razón, Sr. Ministro. Es más, parafraseando a alguien que sabe de verdad lo que vale un protocolista (lo sé por experiencia) le diré que “no por ser protocolista, ni acomodador, se es más tonto, ni se es más inteligente por ser ministro”.

Y que sepa Ud que pienso como mi compañera Vanessa… Y dé gracias al protocolo, que no lo permite, pero yo le sentaría de cara a la pared, ¡castigado!

 


Me sorprende que haya personas que aún sigan comportándose como en sus tiempos de adolescencia, como cuando le decían a su madre “es que yo soy así”.

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Realmente la belleza está en el interior, igual que la capacidad de trabajo y las aptitudes,… Lo que sucede es que el resto de la humanidad no tiene que ser un X-Men, con capacidad de visión de Rayos X, para verla en el mismo instante de conocernos; por eso es importante no solo ser, sino también parecer.

Muchas veces tengo que oír que el protocolo no sirve de nada, que en una empresa o en un centro oficial lo importante es el trabajo que se hace dentro. Es cierto que lo de dentro es importante, pero hasta que no seamos todos unos “yoguis” estupendos y vivamos en el mundo en un estado supremo de iluminación extática va a ser un poco difícil cambiar el sistema por el que nos movemos. A los humanos, de momento, todo nos entra a través de los sentidos, los cinco normales: vista, gusto, tacto, oído y olfato. Sextos y séptimos sentidos no cuentan. Y el protocolo es una forma de comunicación tan válida como otras, que ayuda a “hacer saber algo a otros”.

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Lo peor es cuando te lo dice un amigo, ¿cómo se lo dices?: “Mira, yo te conozco desde pequeño y sé que eres una especie de Clarc Kent, pero resulta que ya no existen cabinas de teléfono y con esas gafas no tienes tirón. Si al menos llevases un cartel en la frente que explicase lo de tus súper poderes…” (Ironía en modo on)

Tú puedes ser muy bueno y los demás no tienen obligación de saberlo. Todos hemos comprado algo porque el envoltorio era precioso. Todos hemos conocido a alguien que nos caía mal y luego ha acabado siendo un gran amigo. Algunos incluso han conocido a personas que no tocarían ni con un puntero láser y terminado casadas… ¡Es lo que tiene la vida y la condición humana! Mira la Bella y la Bestia. Al final el bruto era un maromo de oro, pero de entraba ponía un poco los pelos de punta.

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Conocer todas estas cosas también es una buena manera de comunicación y aquí es donde entra en juego el protocolo, que tiene la difícil misión de allanar el camino de comunicación entre diferentes, eliminando o explicando lo que pueda molestar. Porque muchas veces no es tan fácil darnos a entender a todos.

No critiques a quien comunica mal, enséñale lo que debe hacer con una buena técnica de comunicación, porque la crítica destructiva también es un canal erróneo de comunicación. Aporta SIEMPRE.

  
Y si no siempre te quedará Alaska y su “a quién le importa”. Si no puedes con “el enemigo…”

Todo esto de las Navidades es algo fantástico. Vuelves a ver a gente que no ves en todo el año, se reúne la familia, se come muy bien… Pero, ¡confiésalo! Reconoce que muchas veces te vuelves completamente loco/a y desearías desaparecer a una isla desierta. Tal vez sea porque algún que otro anfitrión desconoce reglas fantásticas en la colocación de las mesas.

Pues en una de esas me encontraba yo cuando me acordé de una ley protocolaria que siempre me hace sonreír: La ley del descanso matrimonial (Suena bien, ¿no? ¡Seguro que alguna vez lo has pensado!) Para evitar confusiones vamos a explicar de qué va, no se nos vaya a enfadar nadie.

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La ley del descanso matrimonial, como la alternancia de sexo, es una recomendación protocolaria que consiste en separar a los matrimonios y, de esta forma, favorecer una conversación amena y fluida. Evitando la consolidación de grupos cerrados y la monopolización de la conversación. ¡Obvio!

Lo cierto es que también se aplica a hermanos y parientes próximos.

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Sabiendo esto y si queréis ser buenos anfitriones… ¡ponedlo en práctica! Estoy segura de que las cenas serán más apetitosas y descenderá el número de divorcios.