Sociedad y Protocolo

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A veces me pasa que tengo que organizar un acto y no hay manera de que los asistentes me confirmen.

Me llama uno y me pregunta si va a venir otro y el otro me llama y me pregunta si va a venir uno, en un bucle sin fin de pandillas colegiales.

Me entran unas inefables ganas de ponerles de ejemplo la siguiente situación:

“Si tú celebras tu cumpleaños, ¿te gustaría que los invitados te llamasen y te preguntasen quién va?”

Evidentemente no,… Se me ocurren miles de razones y contestaciones que uno no da por educación, pero que son completamente legítimos:

“A mi fiesta invito a quien me da la gana”

“Si vienes a mi fiesta será por mí”

… E incluso: “¿y a ti qué te importa a quién invite yo?”

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Claro que como soy protocolista…y mis padres me enseñaron bien, todo sea dicho,… ¡no lo hago!

Algunos se atreven a decirte claramente: “es que si va fulanito yo no voy”, en un alarde de cara dura… Y es que se va perdiendo la elegancia, ¡una pena!, en aras de una supuesta heroica claridad.

Como veis resulta una falta de educación terrible andar interrogando sobre la lista de invitados y los datos de los mismos. Metiéndose en la privacidad de los demás  exigiendo de forma dictatorial y dando muestras de ostentación de poder, en algunos casos.

Es cierto que las fotos y las compañías importan, pero es mejor rechazar una invitación que despreciar al anfitrión y que no te vuelva a invitar o critique tus intereses. Es una forma de construir o destruir para siempre la marca personal.

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En las peleas infantiles es mejor quedar bien…

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Todo esto de las Navidades es algo fantástico. Vuelves a ver a gente que no ves en todo el año, se reúne la familia, se come muy bien… Pero, ¡confiésalo! Reconoce que muchas veces te vuelves completamente loco/a y desearías desaparecer a una isla desierta. Tal vez sea porque algún que otro anfitrión desconoce reglas fantásticas en la colocación de las mesas.

Pues en una de esas me encontraba yo cuando me acordé de una ley protocolaria que siempre me hace sonreír: La ley del descanso matrimonial (Suena bien, ¿no? ¡Seguro que alguna vez lo has pensado!) Para evitar confusiones vamos a explicar de qué va, no se nos vaya a enfadar nadie.

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La ley del descanso matrimonial, como la alternancia de sexo, es una recomendación protocolaria que consiste en separar a los matrimonios y, de esta forma, favorecer una conversación amena y fluida. Evitando la consolidación de grupos cerrados y la monopolización de la conversación. ¡Obvio!

Lo cierto es que también se aplica a hermanos y parientes próximos.

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Sabiendo esto y si queréis ser buenos anfitriones… ¡ponedlo en práctica! Estoy segura de que las cenas serán más apetitosas y descenderá el número de divorcios.